Muerte en Buenos Aires en el Argentine Film Festival

Muerte en Buenos Aires forma parte de los diez largometrajes que la tercera edición del Festival de Cine Argentino proyecta este año en Londres. Demian Bichir, estupendo actor mexicano nominado al Oscar en 2011 y Chino Darín, hijo de Ricardo, protagonizan la notable ópera prima de Natalia Meta. Ambientada en el neón de tres décadas atrás, el film da muestras de gran madurez narrativa que se alimenta, además, de excelentes detalles en la puesta de escena.

Finales de los ´80, música de sintetizador, ropa hortera y peinados estridentes. El detective Chávez (Bichir, tan sólido como siempre) debe encargarse de investigar el asesinato de un poderoso hombre de negocios. Serio y poco sociable, al policía le cuesta adaptarse a su nuevo compañero, el guapo primerizo Gómez “El Ganso” (Darín, competente y seductor). Las pistas llevarán a los dos a meterse en la cultura gay de la ciudad y a sospechar del refinado cantante Kevin González (Carlos Casella, la gran revelación interpretativa de la película).

Si bien se está vendiendo como “thriller de alto voltaje erótico”, lo cierto es que el primer trabajo de Meta no pasa el límite de lo políticamente correcto en lo que respecta al sexo en pantalla. Eso no es ni positivo ni negativo por sí mismo –al menos para este caso- y Muerte en Buenos Aires sobrevive perfectamente con un buen puñado de atractivos elementos que hacen que la hora y media de metraje cumpla con su cometido: entretener sin entrar en densidades gubernamentales o sociológicas… aunque sus pinceladas sobre la corrupción y los tabúes hacia la homosexualidad son bienvenidas.

A tenor de las situaciones planteadas en la película, resulta muy clarificador el aviso inicial acerca de la ficción de los hechos. Policías que tocan sin guantes la escena del crimen, que roban objetos de las víctimas, superiores tomando coca en el despacho… La realizadora quiere salvar las distancias, por si acaso. Y lo salva con la ayuda de un humor muy apropiado, casi paródico. Solo hay que ver el comportamiento del comisario San Filippo (Hugo Arana) en los “cara a cara” con Chávez. No recuerdo un comisario cinematográfico tan asertivo.

La comedia en Muerte en Buenos Aires funciona como reposo moral en una historia que, dirigida y escrita de forma distinta, no habría aguantado el tipo. En ese sentido, nos encontramos un caso parecido en otra cinta ochentera del año, The Guest, donde la ironía del relato permite asimilar mucho mejor los inverosímiles sucesos. Destaco aquí la más relevante set piece de la obra de Meta, aquella en la que varios caballos recorren a galope la calle desierta bonaerense; instante, no por absurdo, menos espectacular y agradecido, amén de manifestar la robusta fotografía de los tres operadores que se encargan del aspecto visual en la selección de planos de Natalia Meta.

La directora, que también ha escrito el guión, mueve la cámara con estilo, fusionando el ritmo con lo que quiere contar. Muerte en Buenos Aires es un thriller compacto y firme, algo curioso si tenemos en cuenta la variedad de componentes que constituyen una historia que se podría haber ido por los cerros de Úbeda. Sin ser un producto perfecto (la relación entre Chávez y Gómez admitía una pizca de mayor profundidad), este film argentino aprueba con nota y promete un sugerente futuro para su realizadora.

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