Portada | Actualidad | Nómadas o sedentarios

Cuando se produjo el primer homicidio registrado de nuestra civilización judeo-cristiana, Caín fue acusado de asesinato en primer grado. La Historia Sagrada le condenó, sin juicio ni abogado defensor. Nadie tuvo en cuenta la provocación de su hermano que le metió las ovejas en el huerto por enésima vez. ¿Se merecía Abel, el nómada, el castigo de su hermano sedentario? Habría que revisar el juicio del Divino Hacedor, aunque la insolencia de Caín y su desabrida respuesta merecían, por lo menos, una buena reprimenda por desacato a la autoridad. Cualquier juzgado actual lo habría condenado por homicidio involuntario, con una pena minorizada por ‘enajenación mental transitoria’.

Los romanos vivían felices en sus ciudades y asentamientos hasta que unos pueblos nómadas vinieron para aguarles la fiesta. Su monumental imperio cayó, diría Gila: «como la ceniza de un puro».

El poco conocido imperio nómada mongol de Gengis Kan, en el siglo XIII, todavía hoy nos sorprende por su enorme tamaño y organización. Un dominio total de un sinnúmero de tribus, gracias a una burocracia tan móvil como eficiente.

La Mesta, una organización de pastores trashumantes, no solamente disfrutaban de cañadas reales reservadas para su paso y estaban exentos del servicio militar, sino que una de aquellas pasa por la mismísima Puerta del Sol, por donde los rebaños transitan cada año, con el afán de conservar sus derechos.

Las peleas a tiros en el Oeste americano entre los indios, colonos, granjeros y vaqueros tuvieron menos de heroico que de lucha entre sedentarios y nómadas. El alambre de espino fue inventado por los sedentarios y el sonido de las armas de fuego tienen un algo de festivo en manos de los que siguen interviniendo en escaramuzas desde Tejas a Afganistán.

Peregrinar a Compostela, La Meca, Tierra Santa, etc. son ejemplos muy curiosos de nomadismo.

Las populares caravanas, ‘campings’ y excursiones varias, con la excelente excusa de estar en contacto con la madre naturaleza, han configurado un turismo que suele provocar atascos en las carreteras durante el verano. Las colas en los aeropuertos durante el mes de agosto son otro elemento curioso del sedentario que busca ser nómada por un tiempo de vacaciones, a veces sólo para poder decir: «Estuve allí».

No creo que en este dualismo haya nada realmente trascendente, pero su existencia nos muestra que el viaje tiene sentido por sí mismo y el destino es bastante menos importante.

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