Operación Bernhard: los falsificadores de Hitler

Corría el año 1942 cuando los jerarcas del régimen nazi discutían diferentes formas de atacar a Gran Bretaña. La Segunda Guerra Mundial se había estancado y Alemania se iba desgastando en un conflicto empantanado en Rusia, que a su vez tenía que mantener millones de hombres movilizados en los frentes de Europa occidental y África. Si por entonces los germanos eran la potencia militar del momento, el Reino Unido, a pesar del conflicto podía presumir de tener una economía saneada que lograba hacer frente a los envites bélicos. Y fue precisamente en ese ámbito donde la Operación Bernhard buscaba actuar.

La Operación Bernhard puede ser calificada como una de las acciones de sabotaje más exitosas en la historia contemporánea. Pese a que fue ejecutada entre 1942 y 1945, su planificación comenzó a finales de 1939. Por entonces, Reinhard Heydrich propuso a Heinrich Himmler un plan para financiar las operaciones de las SS y la Gestapo. Su idea consistía en falsificar moneda inglesa. De este modo se asestaba un doble golpe, puesto que se conseguía una vía que proporcionaba capital para el pago a colaboracionistas y espías aliados, y al mismo tiempo se desataba la inflación en Gran Bretaña con el objetivo de dañar su economía. [pullquote]Se dice que la idea partió como una venganza frente a una maniobra del Reino Unido, en la cual miembros de la Royal Air Force arrojaron vales de gasolina falsificados junto a comida típica alemana en el país germano.[/pullquote]

Inicialmente bautizada como Operación Andreas, en referencia a la cruz de San Andrés de la Union Jack, se modificó su nombre cuando Heydrich fue asesinado en Praga en 1942 y pasó a estar bajo control del comandante Bernhard Krüger. El primer paso del nuevo responsable fue la búsqueda de especialistas en impresión, grabado, numismática y papel, pero fue imposible encontrar expertos alemanes en dichos ámbitos, ya que éstos eran escasos o estaban en las filas. A propuesta del mismo Himmler, se decidió operar el reclutamiento de dichos expertos entre prisioneros judíos de distintos campos de concentración, los cuales fueron reclasificados como “trabajadores altamente esenciales” y se les concedió privilegios en comida y alojamiento.

Con la colaboración de Alfred Naujocks, encargado de la investigación de las falsificaciones en los servicios de Seguridad del Estado, se llevó a cabo la operación de selección de expertos. Un total de 144 prisioneros (algunos de ellos falsificadores procesados y condenados) fueron trasladados a los barracones 18 y 19 del campo de concentración de Sachsenhausen, donde fueron aislados bajo vigilancia especial de las SS.

La primera parte de la operación de falsificación, y con casi toda seguridad la más compleja, era la obtención de papel. Llegar a hacer una imitación perfecta de un billete inglés en cuanto a espesor, textura u opacidad llevó casi dos años de pruebas. Una vez se logró una copia casi perfecta, se sometió a los primeros billetes a un proceso de envejecimiento antes de ser puestos a prueba en un banco suizo. Un agente alemán encubierto realizó un depósito en dicha entidad sin levantar ninguna sospecha, lo cual marco un punto de inflexión que supuso comenzar con la producción de billetes a gran escala.

Los billetes eran clasificados en 5 grupos en función de su calidad. Los billetes de grado 1 eran perfectos, y se destinaban a operaciones en Inglaterra y Suiza. Los de grado 2 fueron utilizados para el pago de los espías alemanes. Los de grado 3, para financiar operaciones de sabotaje en África. Los de grado 4 fueron almacenados para ser lanzados sobre Inglaterra en caso de ser considerada dicha maniobra y los de grado 5 fueron eliminados. [pullquote]Para su distribución, fueron utilizados agregados económicos alemanes en los países ocupados, pero sobretodo fue esencial el papel de Friedrich Schwennd, un millonario hombre de negocios que bajo el seudónimo de Doctor Wendig ayudó a colocar cientos de millones de libras en los mercados internacionales.[/pullquote]

La “fábrica de Krüger” llegó a producir casi medio millón de billetes de libras esterlinas por mes. Se ha calculado que el volumen económico de los billetes falsificados llegó a alcanzar 134 millones de libras, más de cuatro veces las reservas que el Banco de Inglaterra poseía en esos momentos. En opinión de algunos expertos económicos, si la producción se hubiera prolongado un año más se hubiera puesto a Gran Bretaña al borde del colapso económico. La operación de falsificación y distribución fue tan compleja que tras varios años tras el término de la Segunda Guerra Mundial era posible encontrar copias de éstos en países como España, Turquía, Argentina e incluso Hong Kong.

Bernhard Krüger pasaba por ser un fornido militar de las SS. Sin embargo, su indiferencia hacia el conflicto y la comodidad que le reportaba su vida en Sachsenhausen le hizo trazar un plan alternativo de cara a demorar su movilización a líneas. En 1944 propuso iniciar una nueva operación, ésta vez para falsificar dólares, y para ello reclutó a Salomón Smolianoff y Adolf Burger, ambos arrestados y procesados por sus operaciones de falsificación. Los propios prisioneros que trabajaban en la fábrica llevaron a cabo de forma simultánea actos de sabotaje, que iban desde el vertido de aceite en los cajetines de tinta hasta el desplazamiento de las placas de impresión. Para ellos, mantenerse con vida dependía de cuánto se demorara el conflicto, y querían ser imprescindibles hasta que los aliados derrotaran al Tercer Reich.

La operación para la falsificación de moneda estadounidense no prosperó; el final de la guerra se acercaba, las tropas aliadas cercaban Alemania y la fábrica de Sachsenhausen se mudó a Schlier-Redl-Zipf y posteriormente a Ebensee. Finalmente, el 13 de marzo de 1945 se detuvo la producción y el 5 de mayo los aliados liberaron a los prisioneros. Éstos fueron interrogados exhaustivamente por los británicos y los informes relativos a dichos interrogatorios fueron guardados celosamente.

El epílogo del lago Toplizt

Con el objetivo de eliminar cualquier evidencia de la operación de falsificación orquestada se ordenó la quema del papel no impreso y la destrucción de las prensas y planchas utilizadas. El dinero que se encontraba impreso y embalado fue dispuesto en varios camiones custodiados por las SS. La mayoría de las cajas fueron arrojadas al fondo de dicho lago. Algunas de ellas se abrieron y provocaron que la corriente esparciera su contenido en diversos puntos. Otros camiones desaparecieron, ya que hubo varios oficiales alemanes que huyeron a Suiza.

Lago Toplitz donde se arrojaron las prensas

Varios historiadores aseguran que hay al menos otros 20 puntos en Austria donde aún es posible encontrar dinero falsificado de la época. Pese a que en 1953 se llevó a cabo un operativo para la recuperación de dichos billetes, y posteriormente hubo numerosos intentos por parte de expediciones no autorizadas, se especula que algunas de las cajas de madera utilizadas para su transporte aún están en el fondo de dicho lago. En todo caso, es un misterio que no se podrá resolver puesto que el gobierno austriaco prohibió la exploración submarina en dicho Toplizt, impidiendo de esta manera conocer si quedan vestigios.

La Operación Bernhard puso en jaque al Banco de Inglaterra. Tras el término del conflicto, el Reino Unido fue consciente del enorme volumen de libras esterlinas falsas en circulación. En un primer momento optó por desentenderse del problema, permitiendo el libre movimiento de los billetes falsos para evitar una ola de pánico en los mercados internacionales. Se acordó que progresivamente todos los que fueran mayores de 5 libras serían puestos fuera de circulación, y de hecho no fue hasta la década de los 60 cuando se decidió introducir billetes de mayor cuantía.

Redacción: Toni Capilla.

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