País precario exporta excedente

Dios o, en su defecto, el burócrata cósmico al cargo del menester me libre de ser yo uno de esos que después de una temporada, la cardeosa que se diría en mi tierra, de vivir en otro país y de la adyacente impostura de las costumbres ajenas incurren en el lamentable balance de cómo se es y son las cosas en España, y cuánto bien nos vendría que se nos pegase algo de Europa y de sus cuarenta años de ventaja en la historia (no quiero señalar culpables).

De la tolerancia de los berlineses que pueden ir con una pierna ortopédica por sombrero sin que nadie haga un comentario, y de la nobleza del finlandés incorrupto que se sostiene en la ilegitimidad de una renta per cápita que nunca ha puesto a prueba la integridad de sus habitantes. Frente al catetismo del andaluz que hace bromas de tu pelo teñido de azul y la picaresca que para estos progres de temporá abandera eso tan reenjuagado de la Marca España.

Por favor, burócrata cósmico al cargo de este papeleo líbrame de que en mi futuro sea como estos desagradecidos, que me recuerdan a los indolentes que cambian de pareja porque sus manías empiezan a pesarle y junto a la nueva con sus defectos aún por descubrir, se olvidan de cuanto les dio esa persona. Y te pido que me libres porque hoy la sombra de Don Lázaro González Pérez me resulta demasiado larga, tan larga que toma aviones, cruza fronteras y se establece y oculta entre los que no conocen de sus argucias. Hoy me topo en Londres con el tipo de español que firma aceptar esa herencia que otros muchos ya rechazamos, el español que se aprovecha de la ceguera de sus compatriotas, de sus circunstancias adversas y su irremediable necesidad de confiar en la integridad moral de quien acoja su vulnerabilidad.

Vaya por delante que es un caso concreto y que la labor general del contratante y el contratado español en Londres ya podría calmar las ansias por un cambio social de esos modernos de los que hablaba antes, que esos sí que son catetos y no todo mi barrio diciéndome que con las barbas y el pelo largo me parezco al «Cachorro» (en alusión al Cristo de una procesión de la Semana Santa sevillana).

Pero la excepción que a continuación les cuento convierte al Lazarillo de Tormes en la Madre Teresa de Calcuta. Te lo cuento a ti, español que fuimos todos y que un día te viniste a Londres porque necesitas trabajar y no tienes ni idea del inglés, te lo digo porque buscarás negocios españoles para trabajar y los hay muy buenos y con muy buenas condiciones. Pero mantente a salvo de presumir de tu experiencia en este local español ubicado al oeste de la ciudad (concretamente en Chiswick) en el que según un testimonio de uno de los trabajadores (es mi única prueba, he de decir que no he visto un contrato) la maniobra picaresca de su regente podría resucitar al género literario.

Este caso concreto trata de un sueldo de diecisiete libras y media por, agárrense los machos, ¡el turno! El turno es, por ejemplo, de seis y media a diez y media. Pues bien, una vez establecido que se paga por turno nos topamos con la segunda canallada, y es que para conseguir el sueldo íntegro hay que completar el turno y sí se está más tiempo no se cobra más pero sí se está menos SI se cobra menos. Entonces ¿es por turno, pero sí se está menos de un turno completo es por horas? No sé mucho de contratos pero me parece raro.

Si te has llevado las manos a la cabeza al leer esto, te recomiendo que las bajes porque vas a necesitar subirlas otra vez. Cualquiera que haya hecho los cálculos habrá comprobado que este sueldo ni siquiera roza el mínimo establecido en el Reino Unido, que la última vez que lo comprobé andaba en 6,31 libras la hora. Pido redoble de tambores en vuestras mentes porque aquí viene el truco final, el as en la manga del pícaro, la gran gambitada, un frenesí de desvergüenza indefectiblemente elitista, una chapuza financiera que pondría morado de envidia al propio Bárcenas, ¿listos? aquí va: ¿Qué hay de las propinas? Oh, propinas, garantía asegurada por la educación británica (otra cosa a aprender que dirían aquellos).

Nuestro amigo, vamos a llamarle señor S, incluye las propinas en el sueldo para alcanzar el mínimo, eso sí, respondiendo a un ingenioso sistema de puntos en el que los más veteranos obtienen una porción mayor del reparto, ignorando por completo los conflictos éticos y dando por válido que cualquier parecido con la justicia es pura coincidencia. Y el ciego que pese a su inconformidad con el Lázaro no puede evitar necesitarle mascullar entre dientes en la cena: ¿Qué diablos es esto, que desde que conmigo estás no me dan sino medias blancas?

Lazarillo de Tormes, cuadro de Luis Santamaría Pizarro

Tal bochorno, que es lo que es, es nuestro defecto, pero ni es nuevo para nosotros ni nos identifica como sociedad por encima de todo lo demás, y me toca las pelotas que no contentos con haber utilizado la crisis para hacer endemia del vilipendio que reza «es lo que hay y si no lo quieres tengo a más gente esperando», haya algún listo que encuentre en la bruma que para muchos supone aterrizar en una tierra extraña otro filón para enriquecerse. Que le haga más remiendos en el bolsillo y le ponga más gomillas de verdulería en el billetero.

Así que a ti, español que llegas con una patada en el culo a rescatar la poca dignidad que nos ha dejado la negligencia de un gobierno tras otro, esa negligencia que ha sido el sol ideal para hacer rebrotar la picardía y el egoísmo de los explotadores en situaciones precarias. A ti te pido que no te veas diciendo como el Lázaro, qué cosas tiene la vida, escapé del trueno para dar en el relámpago.

Relacionado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio