Pakistán al límite

Seis millones de personas han perdido su hogar en las peores inundaciones de la historia de Pakistán. Se han quedado en la calle y muchos millones más sin electricidad ni agua potable, según estimaciones de Naciones Unidas. Si a eso se suma el alto nivel de humedad y que el aire apenas se mueve, el resultado es un escenario dantesco. Las enfermedades acechan, alimentadas por las aguas estancadas y los mosquitos por lo que el número inicial de 1.600 muertos aumenta descontroladamente.

Pakistán es víctima de las peores inundaciones de toda su historia. El poder político se ha mostrado muy inestable hasta el momento, pese a los esfuerzos de su presidente por fotografiarse mientras repartía sacos de arroz. La ONU ha solicitado 460 millones de dólares para hacer frente al desastre. Si ya tenía suficiente Pakistán, ahora se suma la ofensiva iniciada por Al Qaeda para, precisamente, aprovecharse de la debilidad del Gobierno.

Un centenar de personas perecieron la semana pasada en un atentado perpetrado por la banda en la ciudad de Lahore, al este del país, y El Quetta, al suroeste. Al centenar de personas fallecidas la semana pasada se unen otras 19, que murieron el pasado lunes 6 de septiembre en el pueblo de Lakki Marwat tras un ataque suicida. La desgracia se ceba con Pakistán y muchos observadores internacionales temen que el país retroceda varias décadas a nivel económico.

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