Pere Portabella: «Tengo dos pies en el cine y dos en el arte»

Si alguien quisiera escribir las memorias de Pere Portabella en un solo tomo se enfrentaría a una tarea titánica. La vida de este intelectual nacido en Figueras el 11 de febrero de 1929, se inscribe en aquel reducido grupo de personas que pueden afirmar con orgullo haber vivido cien vidas en una. Cineasta de vanguardia, activista político en la clandestinidad, integrante de la redacción constitucional, senador y diputado, son algunos de los hitos por donde ha transcurrido su vida.

Con motivo de la retrospectiva que la Tate Modern le dedica estos días, tuvimos la oportunidad de charlar con él en su estudio de Barcelona. Una charla extensa, cálida, intimista, productiva, didáctica y enriquecedora, acorde con la dimensión histórica de su protagonista, quien demostró en todo momento una sabiduría y una lucidez inagotable.

Como director siempre ha transitado terrenos transgresores, propuestas arriesgadas alejadas de los esquemas comerciales. Sus propuestas han sido un quebradero de cabeza para los críticos al intentar clasificarlas y para los espectadores por intentar descifrarlas. ¿Cómo definiría su cine?

Lo que hice fue lo mismo que las vanguardias artísticas hicieron con todo. El cine que nació en el S.XIX se adjudicó como código unas formas decimonónicas que fueron las aristotélicas: exposición, desarrollo y final. Mi cine lo que ha hecho es modificar estos códigos, e introducirlos dentro de una narrativa.

¿De dónde procede su pasión por el arte? ¿Hubo algún punto de inflexión, alguna amistad, algún trabajo que le allanó la decisión de qué camino tomar?

Las inquietudes como a todos me empezaron a surgir durante la adolescencia, me preguntaba muchas cosas que se quedaban en el aire por culpa del silencio y la opresión que vivíamos entonces. Pero también hay un elemento de azar clave, ya que yo vivía en la calle Balmes, esquina con Travessera, en Barcelona. Dos números arriba vivía Antoni Tàpies. En la casa detrás, en la calle Pep Ventura, el poeta Joan Brossa. Más abajo otro pintor… Modest Cuixart. En la Plaza Molina… Joan Pons. Y este fue mi círculo de amistades de esa época. Fue fantástico formar parte de él, porque esos impulsos que en casa se disolvían, y mucho más fuera de ella, obtenían una respuesta a través de estas amistades.

¿Cómo se siente ante la retrospectiva que la Tate Modern dedica a su obra?

Bien. No es la primera vez que un museo se fija en mi obra. En el 1972 el MOMA se quedó con dos películas mías. Y desde hace unos años mi obra está en el patrimonio de varios museos. El primero fue el MACBA en el año 2001. En el 2002 me invitaron como el único artista español de la documenta en Kassel. Pero también me han dedicado retrospectivas en el Pompidou de París, en el Reina Sofía, en Filadelfia y varios más. Pero con ésta que me dedica la Tate me siento muy cómodo, tengo una debilidad con este museo. Y me siento muy cómodo porque yo como director me he sentido como un ocupa; mis películas han sido expulsadas de los cines, incluso tengo algunas sin estrenar, pero a la vez han ido a parar a sitios increíbles; desde un convento, universidades, hasta centros cívicos, y por supuesto, las salas de los muesos. Para entendernos… yo tengo dos pies en el cine, y dos en los museos… en el arte.

En ella se pueden ver algunas de las piezas visuales que grabó junto a Joan Miró. ¿Qué recuerdos guarda de esa experiencia?

A Miró le plantearon que pintara un mural en la fachada del colegio de arquitectos de Barcelona, y como yo lo conocía me ofrecieron rodar aquello. Yo de entrada les dije que no hacía reportajes, porque hago ficción (a mí los documentales que me gustan son los que son todo ficción, todo manipulados) Volviendo a lo de Miró… yo en un principio dije que no lo hacía, pero entonces se me ocurrió poner como condición para aceptar que el mural que Miró iba a pintar fuera borrado tras su conclusión…, y entonces se armó un Cristo enorme. Era la época de la dictadura y muchos amigos progresistas se preguntaban cómo era posible que yo hubiera convencido a Miró para realizar tamaño despropósito. Primero que no lo convencí; se lo conté, y le pareció fantástico porque él era un violento y trasgresor como artista. Con el tiempo esta pieza se ha convertido en objeto de estudio y de tesis. Y ahora se proyecta en el museo londinense junto a otras dos piezas filmadas en el 74, que muestran la historia de construcción de un tapiz y una forja, ambas encargadas por una galería. Lo que recogí fue el trabajo artesanal que había detrás de esas obras. Mi idea era integrar el trabajo de los artesanos con el propio trabajo artesanal del cineasta. Y estas son las piezas que se pasan en la Tate hasta finales de julio.

Su vida profesional y personal da para escribir unas extensas memorias: se ha relacionado con personajes ilustres, ha sido partícipe de momentos claves en la historia de este país, ha tenido un rol importante en algunas películas memorables, y ha desarrollado una extensa carrera como cineasta. De todas sus vivencias, ¿Qué momento o logro recuerda con mayor orgullo?

Son muchos momentos. De la época de la dictadura recuerdo con intensidad la polémica de la Palma de Oro para Viridiana de Buñel, que provocó que me echaran de todas partes y se me cerraran las puertas para ejercer de productor. Durante la transición tuve una gran satisfacción con mi padre… fui elegido senador y tuve la suerte de formar parte de la comisión constitucional, de cuyas jornadas se podría extraer un guión dramático. A todos los que participamos en la redacción constitucional nos regalaron un facsímil de la Constitución española. Cuando se la enseñé a mi padre, que era un jurista y un empresario de éxito, se le escaparon las lágrimas, porque aquello significaba el éxito de su hijo en su propio territorio. No era que una película mía hubiera resultado fabulosa, aunque seguramente su opinión sobre mis películas (si es que vio alguna) dejaría mucho que desear, sino que era el triunfo histórico de su hijo en un territorio, que de entrada, no era el suyo. Y eso fue muy especial para mí, porque sé que a mi padre le caló. Pero hay muchos otros momentos, como por ejemplo que como cineasta fuera seleccionado para el documental de Kassel, o la medalla de Sant Jordi, a la cual le guardó un gran honor pese a que nunca me han hecho gracia los galardones, pero este de mi tierra es especial. Pero también ha estado lleno de momento de gente anónima que te arropa con sus palabras de elogio, y que quizás ni tan siquiera conoces. Y esas son las cosas de las que me siento más orgulloso, porque siempre he creído que uno sabe mejor cómo es uno mismo según cómo te reconozcan los demás, y no tanto por los premios o logros que hayas acumulado.

¿En qué trabaja actualmente?

Estoy trabajando en un proyecto para el museo Reina Sofía, por el que va a ir ligado mi nuevo proyecto cinematográfico. Después de verano me pondré en ello para poder presentarlo de cara a finales del 2012, dentro de este proyecto que preparan desde Madrid.

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