Polémica en la prensa inglesa por el uso de transgénero o mujer en el caso de «el/la mata gatos» que asesinó a un español en Oxford

Scarlet Blake español carrreño
Imagen de Scarlet Blake. / Imagen: Thames Valley Police.

Algunos lectores de El Ibérico no han sido ajenos a la polvareda que ha levantado el uso de los términos transgénero o mujer en el reciente juicio a Scarlet Blake por el asesinato de Jorge Martín Carreño en Oxford en julio de 2021. La escritora JK Rowling se ha rebelado a través de su cuenta en X contra SkyNews aduciendo que Scarlet no es una mujer, aunque se haya puesto este nombre. Patrick O’Flynn, desde The Spectator, carga duramente contra la BBC por tratar a Scarlet como mujer transgénero. Dos periodistas de The Guardian, Louise Tickle y Katherine Viner, se han enzarzado en una disputa en la que hasta The Times ha metido cucharada.

El juez que presidió el juicio dejó claro, muy claro, que la transgénesis de Scarlet, de 26 años, no tenía ningún efecto ni relevancia en el asesinato por el que se le juzgaba. En eso, todos están de acuerdo. Al citarla/o, sin embargo, con pronombres en inglés o castellano, se la/le refería a “she” o “ella”, o mujer o la transgénero. ¿Es necesario que el pronombre (ella) concuerde con Scarlet? De momento, sí. Scarlet Blake está en una cárcel de hombres. El criterio del ministerio de Justicia o de las autoridades penitenciarias establece que las personas con órganos genitales masculinos no deben ser internadas en cárceles de mujeres. Más del 90% de las transgénero encarceladas lo están en prisiones de hombres. Esa es la regla vigente. ¿Los órganos genitales determinan el género de una persona? ¿Contribuyen a ello?

El mismo juez, y el equipo legal, que mandó a Scarlet a una prisión de hombres, atiende a la normativa de tratar a los acusados según el género o sexo (no entraremos aquí a diferenciar entre ambos conceptos) que hayan elegido, en este caso, Scarlet decidió ser mujer a la edad de 12 años, antes había sido Fangze Wang y Alice Wang. En esta decisión personal, e ideológica, determinada por una cierta biología y anatomía y por el bagaje formativo y cultural, radica la división del feminismo y de las opiniones de la última tolvanera en los medios británicos. ¿Un cuerpo masculino, o de hombre, puede ser o sentirse psicológicamente femenino, o mujer; o, al revés? Y entre el blanco y el negro, una amplia gama de grises, o de condiciones médicas.

El juez que presidió el juicio dejó claro, muy claro, que la transgénesis de Scarlet, de 26 años, no tenía ningún efecto ni relevancia en el asesinato por el que se le juzgaba.

Quienes defienden que Scarlet Blake no es una mujer ni se la puede calificar como tal, como JK Rowling o Louise Tickle, de The Guardian, aducen también que las cifras de criminalidad y agresiones sexuales cometidas por hombres y registradas como delitos perpetrados por mujeres, como el caso de Scarlet, falsean las estadísticas. El hashtag #Not OurCrimes estos días recoge a quienes quieren mandar a Scarlet a una cárcel de mujeres y a quienes la dejan en la de hombres.

Y volviendo a los titulares periodísticos que daban cuenta del cierre del juicio. La mayoría de medios británicos han coincidido en “cat-killing” (la/el mata gatos) con el trans o sin él, o con “ella”. ¿Era necesario mencionar que era transgénero o que era mujer u hombre? Quizás no. ¿Y el sadismo con el que él/ella mató a la víctima? ¿O que ésta fuese un español? Para los medios españoles o El Ibérico (medio de la comunidad hispana en Reino Unido) es relevante porque vincula la nacionalidad de la víctima al ámbito geográfico del medio. De ser la víctima de Honolulu, ¿sería relevante a los medios españoles?

Y el sadismo, generador de morbo, con el que se cebó la vida del gato y de la víctima española: ¿Debe ir en titular, en el texto u omitido? Ni hay que asociar a los/as trans al sadismo y al asesinato, ni hay que etiquetar a chinos, jóvenes, cojos, británicos, morenas o inmigrantes de nada. Pero sí que hay que informar de hechos y acontecimientos. ¿Sobre las causas del espeluznante crimen? Si los psiquiatras no han emitido un diagnóstico claro causa-efecto, que no se pongan los periodistas a especular el origen de las fantasías sexuales, la doble personalidad (gatuna y humana) que se ha atribuido Scarlet en el juicio o su relación con Ashlynn Bell, a quien le describió el asesinato, y ella/él (Ashlynn) la/le delató a la Policía dos años después de cometer el crimen, que ha generado una polémica que, como el Guadiana, aparece y desaparece.

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