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¿Por qué baja el precio del petróleo?

El economista John Galbraith decía que “la única función de las previsiones económicas es hacer que la astrología parezca una ciencia respetable”. Y es que buceando en las hemerotecas resulta casi imposible encontrar algún artículo que pronosticase una caída tan rápida y brusca del precio del oro negro. Desde mitad del pasado año el precio de dicho bien se ha reducido cerca de un 50%, desde los 115 dólares por barril hasta el entorno de los 60. Pero, ¿por qué ha ocurrido esto?

En primer lugar, como ocurre con otros tantos productos, cabe aclarar que el precio del petróleo no se limita a un cruce de oferta y demanda, sino que se tienen en consideración múltiples factores. La súbita bajada en el precio de éste tiene a varios países como protagonistas así como diferentes hechos. El actor principal en este nuevo orden es Estados Unidos.

El país americano ha pasado a ser el primer productor mundial gracias a un uso intensivo de la técnica del fracking. Pese a que dicho país sigue siendo el mayor consumidor del mismo bien, el hecho de que no tenga que importarlo ha generado un gran excedente en el mundo. El segundo protagonista es China. El país asiático mantiene tasas de crecimiento en el entorno del 7%, un porcentaje espectacular desde un punto de vista occidental, pero que está alejado del crecimiento de dos dígitos que hasta hace unos años protagonizaba.

Además, China se encuentra en un período de transición lenta; el sector industrial sigue siendo crucial, pero su peso se ha reducido, y más aún el de la llamada industria pesada, que es la que implica un mayor consumo de recursos energéticos. La baja demanda en Europa, fruto de una recuperación que no acaba de materializarse también ayuda a aumentar el excedente de oro negro en los mercados mundiales.

En el caso de ciertos países emergentes como India o Brasil concurren circunstancias particulares; mientras que el primero basa su crecimiento en sectores con baja dependencia energética, como la expansión del sector tecnológico, el segundo cuenta con sus propias reservas que le hacen independiente del mercado externo.

Por otra parte, y a diferencia de lo que ha ocurrido en otras ocasiones, la OPEP, la organización que agrupa a algunos de los mayores exportadores de petróleo del mundo, ha reiterado que no abrirá una “guerra de precios” y la producción del bien se mantendrá en el nivel actual. Resulta llamativo el caso de países como Irak, Libia o Nigeria. La violencia infringida por organizaciones terroristas como Boko Haram o ISIS no parece haber afectado a la extracción de dicho recurso.

De hecho, en los últimos seis meses Libia ha conseguido triplicar la producción hasta casi un millón de barriles diarios, y en el caso de Irak la cantidad sobrepasa los tres millones al día. Además, otros productores como Rusia o Venezuela pasan por momentos de gran vulnerabilidad. Sus economías han pasado a ser extremadamente dependientes de la exportación de hidrocarburos para equilibrar sus balanzas comerciales y siguen bombeando petróleo a pesar de que el margen de beneficio que éste arroja es cada día menor.

Existen otros factores que ayudarían a explicar la reducción del precio. Por un lado, pese a que ha habido episodios aislados de frío, en el hemisferio norte estamos ante un invierno suave que ha evitado abusar de las calefacciones. Por otro, en los últimos años se ha intensificado medidas destinadas al ahorro energético. Desde la clasificación de los electrodomésticos o casas por su consumo hasta la expansión de coches eléctricos, pasando por mejores medidas de aislamiento han provocado que la demanda se haya reducido o estabilizado en muchos países.

Consecuencias para el Reino Unido

A priori, la bajada en el precio de dicho elemento puede parecer excepcionalmente positiva para el Reino Unido. Quizás no sea el factor más determinante, pero la particularmente baja inflación en éste país puede explicarse por el tirón a la baja que la factura eléctrica y la gasolina protagonizan. Desde factores medioambientales, cabría destacar que la polémica técnica del fracking, cuyo uso hasta hace unos meses venía siendo impulsada por la actual coalición de gobierno y cuya aplicación buscaba materializarse en el sur de Inglaterra podría quedar en suspenso al menos a corto y medio plazo, ya que su puesta en marcha requiere de grandes inversiones que podrían no ser rentabilizadas si el precio de dicho bien queda por debajo de determinados márgenes.

Sin embargo, si bien el bajo precio del petróleo puede ser bueno para el conjunto del Reino Unido, existe una región en particular que puede salir mal parada de dicha circunstancia. Y es que en Escocia, la industria energética del Mar del Norte pasa por su peor momento de las últimas tres décadas. En las últimas semanas importantes empresas del sector como BP o Petrofac han anunciado recortes en plantillas y salarios, además de medidas como deducciones fiscales y desgravaciones que han sido aplicadas o están en estudio.

Por último, hay que recalcar que las energías renovables van a pasar por momentos excepcionalmente complicados. Un petróleo barato plantea un mal escenario para éstas, cuya expansión depende de las subvenciones gubernamentales que serían parte de los ciudadanos podrían considerar difíciles de justificar en las circunstancias actuales.

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