¿Por qué las relaciones son como las ensaladas?

El otro día, en el trabajo, mientras comía mi ensalada de todos los días, una reflexión me asaltó. Las relaciones son como una bolsa de ensalada ready made. Las personas ya vienen con un paquete completo de defectos y virtudes.

Mientras apartaba el radicchio con el tenedor, pensé que siempre va a haber algo en la bolsa que no te guste. Es entonces cuando te debates entre el aburrimiento de ir buscándolo y apartando u obviarlo y apretar el culo cuando toca masticarlo.

[pullquote]¿Hasta qué punto hay que tragar para tener lo que queremos?[/pullquote]Cuando la ensalada te pilla con hambre es genial, ni te percatas de lo que no te agrada, comes con ansia, masticas poco y tragas con fruición. No te molesta en absoluto. Pero es con el paso del tiempo que la molestia se transforma en hastío y piensas si no sería mejor cambiar el tipo de ensalada.

Buscas en el súper la mejor opción y al final te decides por otra… A los primeros bocados pasa lo mismo, te encanta, por fin no tienes ese sabor amargo y no puedes parar de comerla hasta que un día empiezas a notar un sabor raro ¡Maldición, rúcula! Escondida entre el resto de la hoja tiernas que te encantan ¡Genial -piensas- aquí no hay radicchio pero hay rúcula!

He observado que en el tema pareja tendemos a pasar de un extremo al otro. En serio, párate a pensarlo. Si nuestra antigua pareja era agobiante hasta la extenuación, el nuevo amante será más pasota y eso nos encantará por un tiempo, tener nuestra libertad y no dar explicaciones, pero ¿qué pasa si el anterior era detallista y el nuevo ni recuerda tu apellido?¿Hasta qué punto hay que tragar para tener lo que queremos? ¿Alguna vez estaremos satisfechos?

Y es que somos un nudo de continuas insatisfacciones, buscando la falla en todo. Miramos esa bolsa de ensalada al milímetro antes de comprarla, a la mínima hoja pocha la desechamos aun sabiendo que podemos comerla igualmente sin ningún efecto secundario ¿Qué cojones nos pasa? Conocemos a alguien y estamos más atentos en ver la pedradas que nos den que las cosas buenas que tienen, y por una sola “hoja pocha” en su contenido somos capaces de desecharlas.

Estoy trabajando mucho en dejar de ser tan intransigente y permitir que las cosas fluyan, aceptar distintos ritmos y adorar los defectillos, que en otro momento hubieran sido muros infranqueables…Porque ¿sabes qué te digo? Que la rúcula al menos sabe a nuez, mientras que el radicchio amarga.

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