Preparados para casi todo

El drama de la inmigración vuelve a la frontera de Marruecos con Ceuta y Melilla. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Melilla (CETI) albergaba a principios de marzo más de 1.300 inmigrantes procedentes de África subsahariana, casi tres veces su capacidad (el centro dispone de 472 plazas).

Sólo el pasado 4 de marzo alrededor de 1.000 inmigrantes se disponían a saltar la valla de Ceuta antes de ser disuadidos por las autoridades marroquíes, y casi 4.000 lo han intentado en lo que va de año. Ahora los inmigrantes se organizan para saltar en masa. Se nombran jefes de grupos, distribuidos según las nacionalidades, y se decide la hora y el lugar de asalto o ataque, así lo llaman ellos, que se comunica a través de mensajes de móviles o de Facebook. Para evitar estos saltos multitudinarios, la Guardia Civil española está colaborando estrechamente con la Gendarmería marroquí y el Ministerio del Interior español.

El motivo de las muertes todavía no está claro. Los inmigrantes intentaron cruzar la frontera a nado y las fuerzas de seguridad respondieron con pelotas de goma y botes de humo, ataque que en un principio las autoridades negaron y que, finalmente, se ha demostrado en un vídeo que el Ministerio del Interior ha distribuido en su web. Aunque en ocasiones los que saltan la valla arrojan piedras y palos a los policías, esta vez también queda evidente que los inmigrantes no mostraron ninguna agresividad, estaban nadando.

Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior, afirmó, durante su visita a Ceuta y Melilla la semana pasada, que la presión migratoria a la que estas dos ciudades se ven sometidas debe «tratarse como una política de Estado en cooperación con la Unión Europea» y añadía, respecto a las muertes en Tarajal, que acusar al instituto armado es «injusto, indigno e inmoral».

El PSOE por su parte ha solicitado una investigación parlamentaria sobre lo que ocurrió y las asociaciones denuncian la omisión de socorro por parte de los guardias. La comisaria europea de Interior, Cecilia Malmström, pedía explicaciones a Fernández Díaz en una entrevista bilateral. Además, la Comisión Europea ha concluído que lo que está sucediendo en Ceuta y Melilla responde a un problema migratorio estructural sin ningún repunte extraordinario, mientras que el socialista Juan Fernando López Aguilar, presidente de la Comisión de Libertades de la Eurocámara, destacaba que los 15 inmigrantes que han perdido la vida no lo han hecho en alta mar, sino ante una situación de pánico.

Pero el drama del inmigrante no termina en el salto o en el paso a nado de la frontera. Y después ¿Qué? El futuro del inmigrante una vez que consigue su dorado es, cuanto menos, incierto. A los que logran cruzar les aguardan esperas interminables en centros de acogida quien sabe dónde, Ceuta, Melilla, Madrid,… mientras que los que son detenidos en el lado marroquí ahora tienen la «suerte» de no ser abandonados en el desierto cerca de la frontera con Argelia, sino que son trasladados a distintas ciudades marroquíes desde donde comenzaran, otra vez, la última etapa de su viaje a la tierra prometida, mientras otros compatriotas ya esperan en el monte cercano a la frontera sobreviviendo con lo mínimo e, incluso, pagando entre tres y cinco euros diarios por un trocito de tierra donde acampar esperando el momento del salto perfecto. Porque, tras una larga travesía desde sus países de origen que algunas veces se alarga hasta tres años, ya vienen preparados para casi todo, preparados, incluso, para morir en el intento.

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