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Montse Gallego; «En Londres se valora más al artista»

Pintores, escultores, fotógrafos, ilustradores, graffiteros, grabadores, comisarios, escritores… Actividades procedentes del arte de las que se nutre casi en su totalidad la cultura, pero también profesiones con un incierto futuro laboral. Montse Gallego (Málaga, 1963) es un claro ejemplo que con trabajo se puede conseguir o, por lo menos, intentar. Hace nueve años, coincidiendo que su hija mayor obtuvo una beca en una escuela de danza, decide mudarse a Londres con toda su familia, «ya hacia tiempo que pensaba en la posibilidad de venir, estaba establecida como artista en Málaga pero me faltaba movimiento, inspiración. La beca de mi hija fue la excusa perfecta para moverme con mis tres hijos a esta ciudad».

Sus primeros años en la capital fueron duros, trabajando en lo que podía para sobrevivir (como le pasa a la mayoría que llegan por primera vez), hasta que hace casi seis años empezó curando exposiciones mensuales en Macondo, un café-galería en Hoxton Square. «Al no ser una galería propiamente dicha pero sí un sitio donde la mayoría de los clientes pertenecían al campo creativo, promover artistas emergentes fue un campo muy accesible e interesante en el que trabajar». Montse afirma con dulzura que fue una familia para ella, donde pasó momentos irrepetibles.

Pero la crisis azotó y desgraciadamente Macondo tuvo que cerrar en enero. «Presenté muchas propuestas de trabajo relacionadas con el sector del arte, pero fue imposible». Movida por la casualidad, un día, hablando con una amiga, ésta le incitaba a que montara su propia galería. Montse dudó mucho, ya que constituye un riesgo económico bastante alto. Pero al final, algo que parecía una locura está a un paso de convertirse en una realidad: a finales de enero espera que su ansiado sueño abra las puertas al público.

Hundred Years Gallery es como se llamará su proyecto. Funciona como un doble homenaje a «Cien años de soledad» de García Márquez y a «Macondo», pueblo ficticio que aparece también en el mismo libro. Una galería alejada de toda imagen pretenciosa, enfocada a artistas emergentes y con precios asequibles, acorde con la realidad social y económica en la que vivimos. «Se expondrán obras desde 50 libras en adelante, piezas que las personas puedan comprar. Hoy en día es difícil vender una obra por 2000 libras».

Ahora está en los pasos previos a la apertura de su galería. Rodeada de documentos y pensando en las obras de reforma del local, de las cuales se siente aliviada porque admite «que son muy pocos los cambios: una mejora en la instalación eléctrica, un par de tabiques y poco más». Este negocio le mantendrá aún más atada a Londres, alejando la idea de regresar a España, algo que, precisamente, descarta con rotundidad. «De momento no quiero ni me apetece volver, me he adaptado muy bien aquí».

Pese a la idea de creer que por no ser nativa del país del fish&chips iba a tener mayores dificultades, Montse asegura que «ser española no ha sido una desventaja a la hora de abrir un negocio». Aunque anteriormente no había montado una empresa, nos confiesa que «entras en un mundo burocrático donde cada paso es una sorpresa. Sin embargo, hay muchas ayudas para gente que quiere abrir un negocio. El gobierno aún apoya esto, puesto que se sacan desempleados de la larga lista.

También, hay miles de cursos gratuitos para, por ejemplo, aprender a hacer un business plan, llevar las cuentas, atender a los clientes, además, ayudas económicas, como, por ejemplo, los cuatro primeros meses desde que te registras como self-employed, que te ayudan con 50 libras a la semana más el housing benefit para pagar la casa, cosa que en España no creo que ocurra».

A pesar de que Montse se embarca en un nuevo proyecto empresarial, ella fundamentalmente es artista. Lleva más de veinte años exponiendo en diversas ciudades europeas como Barcelona, Madrid, Málaga, Sevilla, Berlín, Londres o Venecia y aunque no siempre ha sido fácil, afirma con pleno convencimiento que «el artista está condenado a currar en otras cosas. Pero el verdadero artista persiste». Atrapada por esta ciudad recomienda a todo el mundo que se venga y, sobre todo, a los artistas; eso sí, que no vengan con altas expectativas. «Aquí es cierto que hay muchas galerías y salas, pero también hay muchos artistas».

Reconoce estar desencantada con la imagen del artista en su país natal, «en España se tiene el concepto de que el artista es un vago, que no quiso hacer nada con su vida. Aquí se le valora más, se le tiene más respeto». Adora las posibilidades artísticas y culturales de Londres, aprovechándolas al máximo: «Hay movimiento constante, las corrientes se mezclan con influencias de toda clase de culturas, por ser una ciudad muy cosmopolita. Las escuelas de arte promueven a los estudiantes que terminan, y de eso se alimentan también muchas galerías y ferias. En definitiva, hay muchas más oportunidades que en España».

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