«En mi juventud no quería ser el modelo de escritor español de la época, quería tener un grupo de rock»

El Centro para el estudio de escritoras contemporáneas de Londres rindió homenaje a Lucía Etxebarria con un monográfico sobre su obra

La premiada autora de best sellers contemporáneos como Amor, curiosidad, prozac y dudas y Un milagro en equilibrio visitó Londres el fin de semana del 22 al 24 de octubre para asistir a unas jornadas organizadas por el Centre for the Study of Contemporary Women’s Writing (Centro para el estudio de escritoras contemporáneas) con el fin de analizar su obra. El programa oficial consistía en una lectura de su último libro, Lo verdadero es un momento de lo falso, el viernes, y el «Día de Estudio de Lucía Etxebarria», en la jornada del sábado, a cargo de académicos británicos expertos en su trayectoria literaria.

La lectura del viernes, a la que asistió una treintena de personas, se convirtió en un coloquio distendido. La autora pidió a los presentes que escribieran un cuento infantil en cinco líneas como punto de partida para explicar cuál es la verdadera esencia de la escritura creativa, según ella un acto narcisista en el que el autor se plasma a sí mismo de manera indeleble. Describió la teoría de Bruno Bettelheim del «psicoanálisis de los cuentos de hadas», según la cual las historias infantiles influyen en la formación emocional y moral de los niños y que los adultos eligen y describen éstas reflejando su propia vida de forma inconsciente.

Lucía Etxebarria se valió de esta teoría para decir que toda obra literaria es autobiográfica, y apuntaló el concepto con una cita de Borges: «Toda biografía es ficción y toda ficción es biografía». Esto no ocurre únicamente en la literatura, pues todas las expresiones artísticas comparten esta característica. Como buena cinéfila, citó a David Fincher, Almodóvar, Spielberg y Kurosawa, explicando que sus películas son el álter ego de los cineastas, un reflejo de su propio ser.

Con un inglés muy perfecto, a pesar de que no se sentía del todo segura hablando en este idioma, Lucía Etxebarria se mostró cercana y al mismo tiempo tímida ante una audiencia que desconocía y, ciertamente, iluminó a los presentes con su lucidez y su bagaje cultural. Contó cómo llegó a la conclusión de que sus obras, también, son un reflejo de sí misma y su biografía y que le llevó años darse cuenta de esta circunstancia.

El coloquio terminó con la lectura de dos pasajes de su libro Un milagro en equilibrio. Ella leyó uno de ellos, que también fue leído en inglés por una joven de la audiencia y, el otro, las primeras páginas del volumen, lo leyó la organizadora de las jornadas, con su correspondiente versión en inglés.

Si hubiera que destacar una característica física de la escritora serían sus ojos. Son negros y tan vivarachos y brillantes como si el tiempo no hubiera pasado por ellos, siempre dispuestos a aprehender y desentrañar los misterios de la vida, de los que da cuenta en sus libros. Sin embargo, curiosamente, la vocación de su vida no era ser escritora, ni mucho menos convertirse en una autora de best sellers. «Cuando estaba trabajando no me gustaba mi trabajo y escribía cosas un poco por divertir a mis amigos. Escribí una novelita, la mandé a un editor, se publicó inmediatamente y recién empezó a funcionar». Se refiere a Amor, curiosidad, prozac y dudas, porque su primer libro, la biografía de Courtney Love y Kurt Cobain, la había escrito por encargo.

Una de las razones por las que no pensaba en publicar era porque no había prácticamente modelos femeninos de escritora en ese momento. «Estaba Rosa Montero y poco más, y el modelo de escritor español era un tío pesado, y yo en mi juventud no quería ser eso, quería tener un grupo de rock». Aunque, si bien no tenía auténtica pasión por convertirse en escritora, siempre se le dio bien escribir y al final es a lo que se ha dedicado: «Yo no sufro escribiendo, me lo paso muy bien y me resulta muy fácil». Su talento lo descubrieron en su infancia las monjas del colegio donde estudió.

Con un cerebro hecho puramente para las letras y poco avezado para las ciencias, Lucía Etxebarria tiene una inquietud artística versátil, pues no sólo escribe, también pinta y diseña. Creció en el seno de una familia culta, en una casa donde había un mueble tan lleno de libros que se llegó a vencer, y su madre la llevaba a conciertos de jazz. «Entonces iba súper cabreada y ahora lo agradezco. Nadie a mi alrededor tenía una madre que le llevara a ver a Miles Davis». Curiosamente, las artes plásticas no formaban parte del acervo cultural familiar, y ella fue la pionera, yendo a exposiciones y pintando. Uno de sus pasatiempos era ir al Museo del Prado, que en su adolescencia era gratuito, y contemplar cuadros.

En una época en la que no existía internet y casi ninguno de los pasatiempos que entretienen a la juventud actual, la autora daba rienda suelta a sus aptitudes artísticas en su tiempo libre. Dice que los jóvenes de hoy «no son muy creativos porque están absorbidos y no tienen tiempo para ellos solos», y que la sociedad actual «es mucho más consumista».

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