«Me gusta mucho pasear entre Westminster y Borough Market, que es como las Ramblas, pero a lo bestia»

Anna Bosch, corresponsal de TVE en Londres
Cuando uno se la cruza por la calle no lo duda: ¡es Anna Bosch! El suyo es uno de los rostros auténticamente reconocibles para todos los españoles. Su cara ni se olvida ni se «traspapela» («¿dónde la he visto?»). Barcelonesa de 1963, Anna empezó a aparecer en las pantallas de Televisión Española hace más de veinte años, después de haber iniciado su carrera profesional en Antena 3 Radio, pasando por Radio Avui y Radio Barcelona-Cadena Ser.

Reportera de los distintos Telediarios y de Informe Semanal, como más nos hemos acostumbrado a verla en los últimos años es como corresponsal, entre las que es una de las «grandes»: Moscú, Washington y, desde hace poco más de un año, Londres, ciudad de la que lamenta no poder disfrutar tanto como quisiera por las servidumbres del directo y la necesidad de estar disponible siempre que la noticia lo requiera.

Llevas viviendo desde agosto de 2009 en Londres, pero imagino que ya conocías la capital británica…

Sí. Como tantos otros españoles he venido aquí como turista en varias ocasiones, en verano, para aprender inglés… ¡Lo típico! La primera vez debió ser a mediados de los 80, con veinte años. Imagino que en 1983 o 1984.

¿Has encontrado muy cambiada la ciudad?

¡Sí! Además hacía varios años que no venía y lo que más me ha sorprendido es que Londres se ha «continentalizado» o «afrancesado» bastante. Yo recuerdo una ciudad en la que no había tantas terrazas como hay ahora y en donde la gama de supermercados que podías encontrar era mucho más restringida, al igual que la variedad de productos.

Ahora hay mucho más de todo: puedes encontrar productos de todas partes e, incluso, ¡te dejan tocar la fruta! Recuerdo que antes no te dejaban hacerlo y ¿cómo vas a comprar una naranja si no la tocas? La gastronomía también ha cambiado profundamente. Ahora disfrutan de ella y resulta mucho más fácil encontrar restaurantes de las más variadas procedencias.

¿Eres de las españolas que echa de menos el jamón o, por el contrario, eres de las que no se imagina volviendo a España?

A mí me gusta vivir fuera de España, eso que quede claro. Es como si te quitaras un peso de encima. Pero sí: echo de menos la comida. En mi caso, el pescado. Ahora te puedes traer todo el jamón que quieras en la maleta. El problema con el jamón lo tienes en Estados Unidos.

Lo que para mí es un problema es el pescado. Aquí hay muy poca variedad y echo de menos todos los tipos que tenemos a nuestra disposición en España.

¿Cómo te tomaste la propuesta de venir a trabajar a Londres como corresponsal de TVE?

Personalmente, Londres, con respecto a Washington, donde estaba destinada anteriormente y pasé cinco años, tenía la ventaja de estar mucho más cerca de la familia y los amigos: en dos horas estoy en avión en Barcelona. Y para ellos lo mismo: les resulta mucho más barato y sencillo venir.

Profesionalmente, lo que me daba más miedo (y me sigue dando) de esta corresponsalía –porque no todas tienen el mismo tipo de perfil ni la misma demanda de información desde la redacción central– es el peso tan grande que tiene en el Reino Unido la prensa amarilla, que arrastra a todos los medios internacionales. Aquí hay una gran cantidad de noticias que no merecen siquiera esa denominación o, incluso, informaciones que al cabo de un mes se descubre que son inventadas… Ese era mi mayor recelo: el poder de arrastre de ese tipo de prensa y que se generara mucha demanda de información sensacionalista. Afortunadamente, no me ha tocado mucho: hay tantas noticias importantes de verdad, políticas y económicas, que no me he visto afectada.

¿Los colegas británicos te preguntan por la mujer de Clegg?

A los periodistas británicos les hace mucha gracia la importancia que se le da a Clegg en España por el hecho de que su mujer sea española. Les hace gracia el nivel de estrellato que tiene allí.

¿Cuánto tiempo llevas alejada de España?

Estuve de 1998 a 2000 en Moscú y luego, en agosto de 2004, me destinaron a Washington y allí pasé cinco años.

¿Cómo fue tu llegada a Londres?

La gente me preguntaba que qué tal me estaba adaptando a Londres y yo tengo que comentar que, en mi caso particular, no me tenido que adaptar a Londres desde el punto de vista español, sino desde el americano. Washington es una ciudad muy peculiar, con el «American way of life» muy acentuado. Allí todo es amplio, con distancias enormes y hay que ir en coche a todas partes. Curiosamente, yo me adapté muy bien a aquello y mi nuevo proceso de reciclaje ha sido más complicado. Aquí todo me resultaba estrecho, extremadamente concurrido y hacinado. Se me había olvidado que no todas las casas tienen ascensor, que tienes que volver con las bolsas de la compra en la mano, porque aquí no puedes ir con el coche al supermercado, ya que en Londres no sólo no es práctico, sino que el tráfico es toda una penitencia. Y, ¡ojo!, que me parece estupendo que sea así y que debas evitar el coche.

He tenido que hacer todo un reciclaje de mi vida americana, tranquila, a una vida bulliciosa. Además, en Washington fueron cinco años de prácticamente sólo información política, estadounidense e internacional. Todo política. En Londres, en cambio, la política no pesa tanto porque ya no es el Imperio; Londres políticamente ya no pesa tanto en el mundo, pero en cambio hay un espectro temático amplísimo que cubrir: política, economía, cultura, espectáculos, moda, sociedad, sucesos (lo que más pánico me da)… y… ¡Fútbol! Estoy aprendiendo mucho de fútbol desde que estoy en Londres.

¿Dónde vivías en España?

Yo soy barcelonesa, de Sants, un barrio cerca de la montaña de Montjuic y la plaça d’Espanya. Soy una chica de barrio. Y en Madrid he vivido unos años por Diego de León, otra época por la carretera de Canillas y, finalmente, me pude permitir el lujo de vivir unos años en la plaza de Oriente. ¡Soy bastante urbana! Por eso estoy tan sorprendida de haberme adaptado tanto a la vida americana, con espacios amplios y oyendo los pajaritos y que, después, me haya costado un poco regresar a ese tipo de vida.

Y ahora, ¿en qué zona vives y por qué la elegiste?

Siguiendo el consejo de todos los corresponsales que me han precedido vivo relativamente cerca de la oficina, en la zona de Paddington y Regent’s Park, porque tenemos unos horarios tan laxos que te pueden obligar a empezar a trabajar a las 7 de la mañana o acabar a las 10 de la noche.

¿Tu trabajo te permite disfrutar de Londres?

¡Mucho menos de lo que me gustaría! No tengo tiempo para ver ni los museos ni las exposiciones que me gustaría ver. Por ejemplo, en un par de ocasiones que tenía entradas para el teatro, entre semana, he tenido que regalarlas porque me tocaba entrar en directo en el Telediario de la noche. La contrapartida del corresponsal es que no puedes apagar el móvil y no puedes hacer planes. Incluso te puede tocar trabajar el fin de semana, si ETA le da la exclusiva de la tregua a la BBC o si viene el Papa de visita a Londres…

Tengo mucho menos tiempo libre del que quisiera para poder disfrutar de la enorme oferta cultural de Londres.

¿A qué te dedicabas cuando venías a Londres como turista?

Yo soy, fundamentalmente, de teatro, museos y exposiciones. Todavía no dominaba el inglés y, sin embargo, me atrevía a ver «La ratonera» de Agatha Christie o «Los miserables». Incluso fui a ver actuar a Peter O’Toole, aunque me costara seguir la trama.

Y ahora, ¿en qué ocupas tu tiempo libre?

Hay una cosa en la que me he asimilado completamente a los británicos: en cuanto hay una mínima temperatura que lo permite y no llueve, salgo como una posesa a una terraza o a un parque. En abril hice mi primer picnic. Disfruto muchísimo de los parques y lo que más me maravilla es que somos muchos los que hacemos lo mismo, pero nadie te molesta. La gente es muy respetuosa con el que está al lado. Es muy raro, incluso, que si tienes una familia con niños al lado estos te molesten. Ya me gustaría que en las playas españolas hubiese ese mismo respeto en espacios en los que hay tanta gente junta.

¿Es eso lo que más te llama la atención de Londres?

Si tuviese que destacar dos cosas que me gustan de Londres, la primera sería la absoluta libertad estética existente. La gente sale a la calle como le da la gana y nadie le presta atención, por estrafalario que sea. Eso contribuye a generar una sensación absoluta de libertad.

Lo otro, ligado con esto y con lo que decía anteriormente de los parques, es la sensación de respeto al otro: que nadie te moleste. La frase aquella de que mi libertad acaba donde empieza la del de al lado encuentra aquí el equilibrio perfecto.

¿Cuáles son tus zonas favoritas?

En un año en Londres una todavía es nueva. La ciudad es enorme, con muchos rincones y zonas diferentes y sería prepotente, por mi parte, dar consejos. Hay demasiada ciudad para conocerla en un año.

Eso sí, en cuanto a lo que me gusta de lo que conozco, destacaría los parques, cualquiera, sobre todo en primavera. Aquí tienen una gran pasión por las flores y puedes encontrarte con cinco floraciones diferentes en primavera.

Me gusta también callejear, algo que no podía hacer en Washington. Ponerme a andar y fijarme en las tiendas, en la variedad de gente, de culturas, de etnias, de estéticas que puedes ver por las calles. Cuando acabo un reportaje, si tengo tiempo, aunque esté lejos, regreso a la oficina andando para poder callejear.

Me gusta mucho el Southbank, pasear entre Westminster y el Borough Market, que es como las Ramblas, pero a lo bestia: gente cantando, haciendo malabares o esculturas de arena en las orillas del Támesis, incluso exposiciones al aire libre. Es una parte muy mediterránea dentro de Londres.

Me gusta también, aunque suene muy pijo, acercarme a Primrose Hill, que es una callecita muy coqueta situada en una colina desde la que puedes ver Londres desde lo alto. En todas las ciudades me gusta encontrar un punto que te ofrezca una perspectiva de la ciudad. Y en Londres ese punto es Primrose Hill.

Tengo, además, como rincón entrañable para mí, los estudios de BBC Radio en Langham Place. Son los estudios históricos, la Broadcasting House, donde Churchill grababa los discursos durante la Segunda Guerra Mundial, donde De Gaulle hizo su famoso pronunciamiento en junio de 1940 llamando a la resistencia, y donde la resistencia francesa grababa y emitía los mensajes en clave, aquellos mensajes que empezaban con el legendario «Ici Londres. Les Français parlent aux Français». Mi pequeño homenaje ha sido titular mi blog londinense «Aquí Londres» y hacer una pequeña reverencia -figurada- cada vez que paso por delante del edificio que está a cinco minutos de la corresponsalía de TVE en Londres.

¿Aprovechas las bicicletas con las que el alcalde ha inundado la ciudad?

Soy poco aguerrida. La bicicleta en ciudad me da miedo. Prefiero andar. Aunque, uno de los mayores placeres que encuentro en Londres y que es barato es ir en el piso de arriba de los autobuses. Disfruto como una niña en un parque de atracciones. La contrapartida es que los sufro en mi casa, el ruido tremendo que hacen, porque tengo muy cerca una parada de autobús.

¿Hasta cuándo vas a estar en Londres?

¡Eso hay que preguntárselo a mis jefes! Ellos son los que deciden. Sé que voy a estar un año más, eso seguro, pero después no sé. No puedes elegir. En todo caso, puedes elegir decir no. Pero yo, desde luego, no me puedo quejar.

¿Preparada para el invierno?

¡Nunca! Pero lo peor no es ni el frío ni la lluvia. Lo que más echo en falta es la luz. Soy muy mediterránea y la necesito. Dentro de un mes ya es de noche a las cuatro y media de la tarde y eso lo llevo mal.

En contrapartida, cuando llega mayo disfruto muchísimo, porque amanece a las cuatro de la madrugada y el día es larguísimo.

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