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Sam Bartram, el futbolista inglés que jugó el partido más raro de la historia del fútbol

Uno de los mitos más extendidos sobre la capital del Reino Unido es que la niebla está presente en cualquier rincón de la ciudad. Algo completamente alejado de la realidad, ya que lo que históricamente se pensaba que era humedad condensada era en realidad polvo y hollín en suspensión derivado de la presencia dispersa de fábricas y calefacciones por toda la urbe. Sin embargo, hubo un día en que esta estuvo presente. Una neblina tan intensa que impedía ver más allá de un par de metros. Y esta fue la que hizo que Sam Bartram, portero del Charlton Athletic, pasara a la historia por protagonizar una de las anécdotas más curiosas del fútbol inglés.

Un portero histórico

El Chalton Athletic es un club del este de Londres, uno de los veteranos del fútbol inglés, que combina un reducido pero incondicional grupo de aficionados junto a un palmarés ridículo. Dentro del club, uno de los jugadores más destacados de su historia, sino el que más, sería el guardameta Sam Bartram, que durante 22 años defendió los colores del equipo y tiene el récord de apariciones con el mismo, además de ostentar el extraño galardón de ser el “mejor portero que jamás jugó con Inglaterra”.

Pero si todo esto ya es suficiente para colocar a un futbolista en los anales de la historia, en realidad si este ha logrado ser recordado es por una anécdota tan surrealista que hoy por hoy resulta difícil de comprender.

Chelsea – Charlton

Estamos en el 25 de diciembre de 1937. Lo que es un día de descanso para casi todos es una jornada de máxima actividad en lo que concierne al fútbol en Inglaterra. Y uno de los encuentros que se está disputando es un derbi londinense, el partido en Stamford Bridge entre el Chelsea y el Charlton.

 A duras penas pudo disputarse la primera parte del encuentro, que concluyó con empate a uno. La densa niebla había impedido que el encuentro se desarrollara con normalidad, algo que los propios jugadores hicieron notar al árbitro en el descanso. No obstante, el partido se reanudó, pero un súbito empeoramiento de las condiciones propició que este se tuviera que suspender. Todos, jugadores, cuerpo técnico, aficionados, se fueron a casa. O casi todos. Porque Sam Bartram, portero del Charlton, no pudo oír el pitido ni ver las indicaciones del árbitro indicando la suspensión del encuentro.

Se dice que durante 15 minutos Sam se quedó ahí, moviéndose para entrar en calor, y afinando la vista para tratar de ver que estaba sucediendo sobre el terreno de juego. El propio portero reconoció lo extraño que le resultó que durante tanto tiempo sus compañeros de equipo mantuvieran el dominio del balón y que la línea defensiva estuviera tan adelantada. Y, ante todo, lo más llamativo era lo inusualmente silencioso que se encontraba el estadio.

Tras ese período, y como si se tratara de un fantasma entre la penumbra, Sam pudo divisar una persona. Pero no se trataba de un jugador rival o un compañero, sino de un policía. La incredulidad fue mutua. “¿Qué haces aquí? ¡El partido terminó hace quince minutos y el estadio está completamente vacío!”, le espetó el guardia. Y sólo entonces fue cuando Sam dejó la portería y se dirigió al vestuario, donde fue recibido entre risas y aplausos por sus compañeros, que pese a haberse dado cuenta de su ausencia decidieron no avisarlo. Y es que Sam era el arquetipo de futbolista de otros tiempos, de aquellos en que, pasara lo que pasara y por muy grandes que fueran las adversidades, no se dejaba nunca de defender los propios colores.

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