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Si estamos a hormonas, estamos a hormonas

Y estando a hormonas solo pasan cosas como:

Mirar el teléfono cada cinco minutos deseando ver la luz led morada parpadeando arriba; sentir un pellizco en el estómago cuando te vas acercando al destino donde has quedado; que alguien lleve su fragancia en la calle y se te erice el cabello de la nuca; estando a hormonas, te ríes sin motivo aparente, mojas las bragas por el solo roce de la costura y te da igual que llueva, tú llevas el sol en el corazón.

Estando a hormonas sueñas con besos desenfrenados en una esquina oscura y con alguno tierno e inesperado en la frente; con dedos entrelazados que se funden en un solo muñón; en dormir tan abrazados que amanezcamos siameses; en respirar el aire que sale de sus fosas nasales, como máximo exponente de la posesión, en sentir tan dentro que te duelan las entrañas. Estando a hormonas no existen ni el tiempo, ni el espacio, ni la noche ni el día, ni Londres, ni New York, solo existen el tú y el yo, el aquí y el ahora.

Los martes son viernes y los viernes el paraíso. Estando a hormonas existen risas secretas, miradas cómplices, dulce telepatía -estaba pensando en ti y justo me escribes-, lógico acertar, porque cuando estamos a hormonas solo pensamos en una cosa, por primera vez en nuestra vida el “yo” se convierte en otra cosa, y esa cosa eres tú, tú y tú. Tú, y tu sonrisa. Tú mientras te mesas el cabello. Tú y ese sonido raro que haces al masticar. Tú y la curva que dibuja la tenue luz de las velas sobre tu espalda desnuda. Tú y ese libro de ese autor impronunciable que me regalaste. Tú y tu tierna manía de sacarme de quicio.

El equilibrio, estando a hormonas, es una cosa muy complicada, el peso de una sola mariposa puede hacer que todo se precipite, pero estando a hormonas nos la suda el equilibrio, la termodinámica y el agujero de la capa de ozono. Lo realmente importante es pensar cómo hacer un banquete con las tres cosas que nos queda en la nevera, si tenemos suficientes condones en la mesita, si podré llamar al trabajo diciendo lo mal que me encuentro y cuánto necesito “guardar” cama un par de días.

Porque estando a hormonas cada momento cuenta, cada segundo es un mundo, porque las hormonas son caprichosas y volátiles. Hoy te acompañan, mañana te atosigan, y pasado…si te he visto no me acuerdo.

Así que cuando estés a hormonas, sigue a hormonas. Disfrútalas, saboréalas, juega con ellas y vuélvete loca. Ya vendrán tiempos de estar a melancolía, y esos son algo más difíciles.

The winter in coming

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