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Tenemos el honor

Owain Thomas.Fue un gran honor para mi, como creyente y defensor del movimiento olímpico, ejercer de voluntario en las Olimpiadas de Barcelona, conocer personalmente a Juan Antonio Samaranch, el catalán más universal de la historia, y apreciar una labor ingente realizada no sólo por él sino por sus colaboradores más inmediatos. Sus muchísimos enemigos no son capaces de menoscabar sus méritos (aunque siguen intentándolo), entre ellos haber conseguido el respaldo para el movimiento olímpico de un gran número de importantes marcas comerciales, un antes y un después. Las retransmisiones deportivas y las ayudas a los comités olímpicos y a los atletas de países con pocos recursos hicieron el resto.

Contra todo pronóstico y con el apoyo de toda España, aquella ciudad caótica, con un frente marítimo tercermundista y enormes ‘chiringuitos’ que vertían sus residuos a unas playas malolientes, chabolismo a go-go y un tráfico imposible, se convirtió en lo que es hoy: Uno de los destinos turísticos y lugar de reunión de los más importantes del mundo. Testigo de aquella transformación, un sufridor más del ingente número de obras para mejorar la ciudad, tuve la alegría de reencontrarme con el gallego que desde la dirección de la costa venció la resistencia de los que llevaban desde siempre apestando la zona.

El voluntariado nos dio la oportunidad de apreciar, desde dentro, la actividad de miles de personas que colaboraron. Parte importante la tuvo el ejército, vestidos de civil, por supuesto. España entera se volcó en Barcelona y la aparición del heredero de la corona en el estadio olímpico, desfilando al frente de los deportistas, sonrisa amplia y paso marcial, lo consolidó para siempre en su puesto.

Haber vivido, hace ya veinte años, aquella aventura, me llevó a solicitar una plaza como ‘London Ambassador’ para Londres 2012, un título muy rimbombante, tal vez demasiado, pero que refleja la preocupación de un alcalde que siente la ciudad de forma intensa y se ocupa de mejorarla en muchos aspectos.

En ambos casos las ciudades aprovecharon la oportunidad para adecentar sus partes más olvidadas, marginadas y en un estado lamentable. Pero sus relaciones públicas se llevan la palma. El acontecimiento más internacional de la historia barcelonesa ‘la puso en el mapa’, surgieron hoteles, se aceleró el turismo, los cruceros, etc. Todo gracias a los medios informativos.

Poco tienen en común Londres y Barcelona, y no sólo es el tamaño o la situación geográfica. Allí llama la atención los constantes cambios políticos de nombre de calles y plazas en contraste con la permanencia de las londinenses. Aquí nos sorprende oír por la calle y ver letreros o periódicos en varios idiomas. Pero en ambos sitios nos impresiona ver el despliegue de medios, la calidad de las transmisiones deportivas, el protagonismo de los deportistas.

Relevante el sentido del humor de Su (nunca tan) Graciosa Majestad, acompañando al 007 en un cameo paracaidista, digno de una reina consciente de su labor y con la dignidad que le otorgan sus años representando a la monarquía, quizás el mejor símbolo de la unidad del Reino Unido.

Cuando se acaben los JJOO y la familia olímpica empiece a mirar hacia Río de Janeiro, un gran número de personas serán voluntarios, pondrán su granito de arena para el éxito del acontecimiento. A mi me queda un poco lejos, pero lo voy a intentar, pueden estar seguros de ello.

El honor fue, y es, participar.

Alfonso Posada
Prof. de bachillerato
alfons.inn@gmail.com

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