Testimonio desde Birmingham: «El ambiente todavía se siente muy tenso»

La española María José Izquierdo relata a El Ibérico como vivió los altercados más violentos de la historia de Reino Unido desde hace 30 años

Llevo viviendo en Birmingham desde hace siete años y es la primera vez que me he sentido intimidada a la hora de salir a la calle. El ambiente todavía se siente muy tenso después de tres días -por el miércoles- de los disturbios ocurridos en el centro de la ciudad.

Ya se sabía lo que le había pasado en Londres y los disturbios que se habían producido en la capital. Nadie se pensaba que también fueran a llegar aquí.

Fui a trabajar el lunes como un día cualquiera y sobre las seis y media de la tarde me dijeron que habían roto una de las ventanas del McDonalds cerca de la Catedral de Birmingham. Un rato más tarde los disturbios llegaron a New Street y comenzaron a romper los cristales de las tiendas de la calle de manera muy violenta. Yo estaba siguiendo todo lo ocurrido desde la BBC. Los grupos violentos llegaron al Mailbox y el hotel donde trabajo está muy cerca allí.

El jefe de seguridad del hotel me dijo que la policía estaba cerrando todos los accesos a Broad Street y por tanto nosotros también íbamos a cerrar por motivos de seguridad ya que habían atacado varias tiendas del Mailbox. El hotel quedó cerrado por completo mientras los disturbios seguían produciéndose en el centro. Nosotros seguíamos con nuestra rutina pero con la mosca detrás de la oreja ya que no sabíamos si podíamos volver a casa esa noche. Todos los locales de Broad Street y del Brindley Place habían cerrado por miedo a que los disturbios pudieran provocar daños innecesarios en sus locales.

La noche del lunes acabó con destrozos y robos en varias tiendas y locales. Todos los accesos a la ciudad estaban completamente bloqueados y para poder reservar un taxi para volver a casa al terminar mi turno después de las once de la noche era casi una misión imposible. Estuve esperando dos horas a que un taxi pudiera llegar al centro y poder volver a casa. Por supuesto los autobuses que llegaban al centro habían cortado todos los servicios de la tarde y de la noche al centro. Varias líneas de autobuses que van al centro son focos de violencia gratuita e intimidación casi a diario por parte de los adolescentes, que van encapuchados, entre los 14 y 17 años hacia los conductores y a la gente que va en ellos. Y desde luego que esto a la policía de Birmingham no le coge de susto de lo que son capaces de hacer.

El miércoles al mediodía fui a dar una vuelta al centro antes de ir a trabajar y no estaba tan lleno como los días previos a los disturbios. Entré a Primark y me sorprendió el no tener hacer colas larguísimas a la hora de comprar cualquier cosa ya que siempre me toca esperar y la tienda se pone mucho peor en época de vacaciones. El centro estaba muy tranquilo y no había mucha gente. Hay más policías paseando por la ciudad y se nota la preocupación por lo ocurrido. La gente tiene miedo de salir a la calle y sobretodo a partir de las siete y las ocho las calles están desoladas y esta todo cerrado

Cuando llegue a trabajar, me dijeron que en el restaurante del hotel habían estado muy ocupado el martes por la noche ya que habían tenido lleno absoluto y no habían parado de servir comida toda la tarde hasta el cierre, ya que los restaurantes de Broad Street habían cerrado a las seis de la tarde y lo único que estaba abierto era el hotel.

El personal del hotel no se esperaba toda la gente que vino a cenar, ya que había estado muy tranquilo desde principios de agosto y al parecer se quedaron sin comida suficiente para los clientes y habían tenido que hacer un menú fijo para el miércoles porque no podían hacer el menú variado que hacen a diario.

El miércoles por la noche cerraron Broad Street por medidas de seguridad. La mayoría de los locales habían cerrado temprano por miedo a las represalias de los asesinatos ocurridos el martes por la noche.

La violencia gratuita ocurrida estos días en Londres, Birmingham y en otras de las ciudades de Inglaterra es algo de lo que el Gobierno tiene que tomar cartas en el asunto y solucionarlo lo mas pronto posible ya que los Juegos Olímpicos se celebran el próximo año en Londres. Y esto puede ser una prueba de lo que podría llegar a ocurrir si no ponen cuidado. Los problemas de moral y ética de los cuales David Cameron habla, vienen de muy atrás. Las familias dejan que los adolescentes hagan lo que quieran desde muy pequeños y les toleran todo. No tienen respeto a nadie y si pueden sacar algo por la violencia pues lo hacen. En las aulas pasa exactamente lo mismo. Los alumnos tienen una actitud pasiva e intentan intimidar a los profesores que intentan hacer su trabajo. Esto es uno de los efectos colaterales a los que llega la sociedad actual y que creo que esto se puede evitar sobretodo con la generación que viene tras la nuestra.

Espero que todo se acabe pronto y que la gente no tenga que pagar las consecuencias propagadas por unos grupos violentos.

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