Crítica de The Keeper of Lost Causes: más cine danés de calidad

El arte popular escandinavo en forma de series, libros y cine sigue exportándose al resto del mundo con éxito. Productos televisivos como las suecas Wallander, The Killing, o ese boom literario y cinematográfico de nombre The Girl With the Dragoon Tattoo abrieron el camino a una visión distinta del thriller contemporáneo, liderado hasta entonces por la solidez norteamericana y el vigor de las películas coreanas. Ahora nos llega la danesa y notable The Keeper of Lost Causes

Carl Mørck (Nikolaj Lie Kaas) es un policía traumatizado por haberse saltado el protocolo a la hora de entrar en la casa que estaba vigilando junto a dos de sus colegas de profesión. Debido a ello, uno de los compañeros quedó gravemente herido y a Mørck lo trasladan al llamado “Departamento Q”. Allí, en el sótano de la comisaría, tendrá que rellenar informes de casos obsoletos y cerrarlos. Trabajo administrativo que será poco de su agrado, a pesar de contar con la ayuda del amable y entregado asistente Assad (Fares Fares).

Nada más empezar en el DQ, Mørck se interesa por un caso en especial que, aparentemente, fue resuelto hace 5 años. El policía, cabezota como él solo, averigüa que el suicidio de la victima, Merete (Sonja Richter), no fue tal. Sabiendo que incumple órdenes directas del comisario, Assad aceptará con resignación acompañar a su jefe en la pesquisa y sacar a la luz lo que realmente ocurrió.

The Keeper of Lost Causes, que lleva a la gran pantalla por primera vez a los dos investigadores protagonistas de la serie de novelas escritas por Jussi Adler Olsen, no supone un punto y aparte visual o argumental dentro del sub-género policiaco, pero sí es una satisfactoria historia en la que destacan un guión casi perfecto, dirección sobria sin aspavientos, y la ya habitual y siempre tenebrosa frialdad de la fotografía nórdica. Intuyo que el director Mikkel Nørgaard pronto aterrizará en Hollywood, como hiciera su compatriota Nicolas Winding Refn. En 2010 revolucionó las taquillas de su país y se llevó varios premios internacionales con la loca comedia Klown, nada que ver con el macabro relato ideado por Olsen. Nørgaard es versátil, de eso no cabe duda.

Usando de manera acertada el formato panorámico, el realizador no acude a más filigranas visuales para ofrecernos todo un espectáculo perfectamente calculado. El guionista Nikolaj Arcel, que además se encargó del libreto de Los hombres que no amaban a las mujeres (2009), revela las pinceladas justas, emotivas y necesarias que nos permiten empatizar con los personajes. Aunque la cosa podría haber salido mal si la película no llega a tener a un conjunto de excelentes actores, en especial el intérprete de origen libanés Fares Fares y Sonja Richter, cuyo cambio físico durante el metraje es memorable.

El film no se centra en set pieces de acción. La seca, gélida y cuidada puesta en escena funciona por sí sola dejando que las caras y los movimientos se exhiban más que cualquier efecto especial. Es cierto que esto es muy común en el cine europeo, alejado de los desmesurados presupuestos USA, pero también hace falta mano firme y pulso narrativo que aporten suspense e interés. En ese sentido, Nørgaard roba la atención del espectador con sutilidad y alevosía, aunque se nota que se divierte con alguna que otra escena brutal, como aquella en la que Merete se saca una muela usando unos alicates. The Keeper of Lost Causes deviene minuto a minuto en un conjunto compacto donde la tensión y la intriga van creciendo sin prisas pero sin pausas hasta llegar a ese final que quita el aliento. Ya se prepara la segunda parte con el mismo equipo, y todo apunta a algo bueno.

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