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Tintes de tragedia griega

Hace una década hubiera sido algo inconcebible, pero la incertidumbre política ha pasado a ser una dificultad de primer orden en la mayoría de países de Europa. El próximo año países como Francia, Portugal, España y quizás Italia celebrarán elecciones nacionales o locales, y el miedo a que partidos populistas y/o radicales logren resultados significativos se ha extendido en todos ellos. No obstante, a corto plazo, el protagonismo recae en un país que, a su pesar, se ha convertido en el centro de atención del mundo desde 2008: Grecia.

El complicado sistema de elección para elegir al presidente del país heleno arrancó ayer, con la celebración de la primera de las tres convocatorias, y en la cual tan sólo 160 de los 300 diputados del Parlamento se pronunciaron a favor de la nominación de Stavros Dimas, único candidato propuesto por el gobierno de Andoni Samaras. Al haber quedado lejos de los 200 votos que eran necesarios para la proclamación del presidente, será necesario pasar a la siguiente ronda, que se celebrará el 23 de diciembre, y en la cual el exministro y excomisario de la UE debería obtener al menos dos tercios de apoyo.

En caso de que tampoco se alcance el quórum, se prevé una última ronda el 29 de diciembre, en la cual sería necesaria para la proclamación de un presidente que al menos tres quintos del arco parlamentario ratificaran al candidato. La mayoría de analistas políticos y medios de comunicaciones nacionales e internacionales pronostican que Stavros Dimas no pasará la criba del hemiciclo, y que de acuerdo a lo dispuesto por la Constitución griega, el Parlamento deberá disolverse y seguidamente proceder a la convocatoria de elecciones anticipadas.

 

Syriza, la pieza clave

Si se llegara a esta situación, todos los sondeos apuntan a que la fuerza izquierdista Syriza será la pieza clave en el futuro gobierno heleno. Alexis Tsipras es el líder de la coalición, una amalgama de fuerzas que agrupa desde anarquistas a socialistas moderados, pasando por comunistas, y cuyo programa ha cautivado al castigado electorado heleno. En un tono directo, el líder de dicha coalición achaca a los partidos clásicos el haber fallado en puntos clave, como el control de la evasión fiscal y denuncia que su programa de reajustes no ha hecho más que mutilar el estado de bienestar del país.

Desde el inicio de la recesión, Grecia ha duplicado su tasa de paro, se han aplicado recortes de hasta el 40% en las pensiones, y miles de funcionarios han sido despedidos en diversos planes de reajuste. Diversas ONG han hecho público que hasta 400.000 personas padecen  en la actualidad algún estado de desnutrición en el país heleno, y en tan sólo tres años ha pasado de ser la nación con la menor tasa de suicidios en Europa a liderar dicha estadística. Y ante esta situación, el programa de Syriza, que pasa por el impago de parte de la deuda, incrementar el gasto público, la nacionalización de empresas e incluso la recontratación de parte de los funcionarios despedidos, no deja indiferente a nadie y levanta aplausos y temores a partes iguales.

De llegarse a celebrar elecciones, nadie duda que la fuerza izquierdista superaría los 71 diputados actuales, con muchos sondeos atribuyéndole más allá del centenar de asientos en el Parlamento. Una coalición con Dimar (Izquierda Democrática, de centroizquierda), ANEL (Griegos Independientes, de derecha nacionalista pero anti rescate) y KKE (Partido Comunista), podría dar un vuelco al panorama electoral griego y privar del gobierno a los habituales PASOK y Nueva Democracia.

El creciente apoyo popular y las posibilidades de gobierno que tiene ante sí dicha coalición provocan una mezcla de miedo y desconcierto entre la troika, los mercados internacionales así como los propios ciudadanos helenos. Hace una semana, Grecia vivió su particular día negro, donde el mercado bursátil se colapsó un 12% por el anuncio de elecciones. La popular prima de riesgo se encareció en los siguientes días más de 200 puntos, y la mayoría de economistas apuntan a que de consumarse la victoria de Syriza, el pasar a una situación de “default” sería una cuestión de entre días y semanas.

Grecia se halla ante un dilema. Sus opciones pasan por continuar con su programa de reformas, a sabiendas que ello le encamina a una “generación perdida”, o romper con el sistema y arrojarse a una alternativa que solo ofrece incertidumbre. Una tercera vía pasa por que la actual coalición de gobierno de Samaras, ante la disyuntiva planteada, presione para relajar las condiciones impuestas en los planes de reajuste, con lo cual podría ganar el apoyo de determinados grupos y evitaría concurrir a unas nuevas elecciones.

Las encuestas apuntan que, a pesar de la situación actual, la inmensa mayoría de ciudadanos helenos quieren que su país continúe en la Unión Europea. Samaras estará esperando que el tumulto económico que provocó el simple hecho de considerar a Syriza como pieza clave de un futuro gobierno sea suficiente para sentarse a negociar. Seguramente, Angela Merkel y los prestamistas del país heleno tienen el mismo sentimiento.

Redacción: Toni Capilla

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