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Un día en los BAFTA

Los BAFTA no sólo se resumen en una gala nocturna donde los ganadores reciben el galardón en forma de máscara dorada. Para decenas de personas, estos «Oscars» británicos significan muchas horas de trabajo y, para otras, la oportunidad de conseguir una foto o un autógrafo de la celebridad de moda que deja su huella en la alfombra roja.

«Algunos de mis compañeros llevan aquí desde las ocho de la mañana», afirma una chica de la organización, encargada de llevar a los famosos a la zona de los periodistas. Y es que, tanto para conseguir un lugar en la primera fila, como para controlar a todos los medios allí presentes, se necesita mucho tiempo de preparación.

El frío que lleva azotando a las islas británicas desde hace unas semanas no da tregua en este evento, donde la escasez de ropa es más que evidente. Las reglas son muy firmes respecto a la vestimenta y todos aquellos que pisen el suelo rojizo, no deben llevar abrigo alguno.

Los primeros en llegar despiertan los gritos de ilusión entre los cientos de personas que tiritan de frío. Los organizadores, atentos y preocupados por los periodistas, intentan atraer a los invitados a la zona de prensa, con gran éxito.

Algunos, como Brad Pitt, se lo toman con impaciencia y prefieren no hablar con nosotros, recibiendo algún que otro flash y yendo directamente a la Royal Opera House a esperar que empiece la gala. Otros, más amables, como George Clooney, deciden dedicarnos unas palabras a aquellos que esperamos inquietos con grabadora y bolígrafo en mano.

«Me encanta España y los españoles«, comenta para El Ibérico Clooney con una sonrisa en la cara. «¿Cine español? Claro que me gusta. Grabaría una película en España sin lugar a dudas«, concluye el nominado actor, que no pudo conseguir el ansiado premio que finalmente recayó en el francés Jean Dujardin por su actuación en The Artist.

Sobre las seis y media de la tarde la alfombra roja ya no espera a nadie más y los periodistas somos conducidos al interior para poder visionar en directo la ceremonia. Tras una copiosa cena, con postre incluido, comienza el trabajo a contrarreloj, en dos salas habilitadas con ordenadores, pantallas de televisión y equipos de sonido. La gala es visionada en directo y todo el mundo quiere ser el primero en twittear los nombres de los ganadores en su respectiva cuenta.

«The Artist… qué sorpresa, ¿no?», comenta una comunicadora a su compañero de al lado. Y es que, tanto este galardón como el que recibió Meryl Streep por su interpretación de Margaret Thachter en The Iron Lady, eran resultados más que obvios y comentados entre los allí presentes.

La piel que habito fue una de las sorpresas de la noche. A Separation, película iraní con grandes críticas y ganadora del Globo de Oro, no superó a la española de Almodóvar, que se erigió como triunfadora sin su director presente en el acto.

Los BAFTA se organizan con tiempo. Dos horas de gala son seguidas por miles de personas y preparadas por cientos de ellas, que trabajan ese día más de doce horas para que todo quede perfecto. La pérdida del zapato de Meryl Streep en su subida al escenario no se pudo evitar, pero todo lo demás se organiza al segundo.

Fotógrafos, periodistas, miembros de la organización, actores e invitados se mezclan ordenadamente en una noche cargada de glamour cinéfilo.

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