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Un escueto léxico infinito

Desde Ghandi hasta hoy han existido muchas formas de protesta a través de la “no violencia”, una de ellas son las sentadas pacíficas, que como su propio nombre indica, consiste en eso simplemente, sentarse en forma de protesta. Bien, pues ahora imaginemos que un buen día en cualquier país de habla no inglesa, a la sentada le añadimos alguna otra acción pacífica que guarde relación con la materia sobre la que queremos que se produzca un cambio, o que no se produzca. Por ejemplo, cojamos algo que ya haya sucedido para que tengamos así una confirmación de lo supuesto. Aunque no fue exactamente una sentada, a la protesta pacífica ocurrida en Portugal el 25 de Abril de 1974 se le añadió otro elemento; la acción de colocar claveles en el cañón de los rifles militares, a eso se le llamó “La Revolución de los Claveles”, a los libros de historia de las escuelas británicos se tradujo de manera literal, “The Carnations Revolution”. No hay problema.

Pero ¿qué pasa cuando se da en sentido contrario? Una acción dada en Inglaterra que recibe un nombre sajón, y que los países de habla no inglesa tienen que nombrar también en sus noticiarios. El pasado 12 de diciembre, una multitud de ingleses se concentró frente al Parlamento Británico que tiene su sede en el Palacio de Westminster, el que sale de fondo en las postales del Big Ben. La concentración tenía como fin disuadir al Gobierno de David Cameron de introducir una ley audiovisual sobre la industria del porno que pretende que sean eliminadas escenas habituales que se consideran altamente vejatorias, inmorales, o que puedan dar entender cierta flexibilidad con abusos tales como la pederastia o la violencia de género. En concreto las prácticas que quieren eliminar de la filmoteca porno del Reino Unido de aquí en adelante son: la orina combinada con las prácticas sexuales, penetración con toda la mano u objetos, que uno de los actores simule un papel en el que no sea adulto (como la clásica colegiala), y por último la madre del cordero, que una de las personas en la escena se siente sobre la cara de otra.

Esta última acción fue simulada por los asistentes como forma de protesta frente al parlamento y el fenómeno se conoció como un face-sitting. Queda claro, ¿verdad? face significa cara y sitting sentada, una palabra compuesta que forma un nuevo sustantivo, ¡que además! agárrense los machos, también es un verbo. ¿Cómo lo hubiésemos llamado en España? lo más ingenioso que hemos hecho con el idioma en este sentido puede que sea el sofá-cama o el mueble-bar, muy reivindicativos ambos, no soy yo quien para poner en duda el derecho de todos los españoles de tener un mueble en casa que se transforme en licorería y que te bebas tus copas sentado en un sofá en el que cuando el cuerpo te diga -basta- se transforme en cama, es más me uno a la reivindicación. Pero trata de conjugar sofá-cama o mueble-bar con ese tedioso esquema que montan el indicativo, el subjuntivo y el imperativo. Los ingleses pueden conjugar sus nuevas palabras como verbos contando solo con tres tiempos verbales.

El término face-sitting dio nombre a la protesta del pasado diciembre en Londres, y a cuenta de esto el periodista Jordi Pérez Colomé twitteó: “Me fascina la capacidad del inglés de formar palabras claras a partir de la nada”– y a continuación inició un pequeño debate, presumo que sin querer como la mayoría de los discernimientos colectivos que tienen lugar en Twitter, en el que los que participamos intentábamos buscar una traducción de face-sitting al español que surgiera el mismo efecto práctico que tiene la neonata inglesa, y al ser posible el mismo gancho. Aunque de toda la vida las canciones en inglés pierden al traducirse al español. Entre las finalistas quedaron “sientacara”, “caracuclillas”, “culocara” y alguna más. El problema, como apuntaba Jordi en otro tweet, es que ninguna de ellas era un verbo, y aunque si bien face-sitting hasta ahora se ha utilizado como sustantivo, lo cierto es que se podría conjugar en una frase obteniendo el mismo resultado: I do a face-sitting on someone se traduciría al español como “Hago un face-sitting sobre alguien”, porque no tenemos una palabra para esa acción, y solo lo podríamos traducir de manera literal si escuchásemos I sit on someone´s face, “me siento en la cara de alguien”. Sin embargo el inglés, de manera inmediata y sin necesidad de consultar a ningún académico, se puede permitir esta forma a partir de su nueva creación I face-sat on someone, que nosotros solo podríamos traducir de manera idéntica a la anterior, y que es automáticamente comprendida y asimilada por todos los hablantes de la lengua.

Pongamos otro ejemplo anglosajón de los miles que se pueden encontrar de palabras para acciones inéditas. Cuando se pusieron de moda las actuaciones espontáneas para sorprender a un público también espontáneo, lo llamaron flashmob. Recientemente leí un artículo en español sobre una de estas actuaciones en la web lavozdelmuro.net, el lead decía lo siguiente: “A estas alturas es difícil que la gente no sepa lo que es un flashmob, y por si el término inglés no se relaciona, todo el mundo conoce este tipo de actuaciones donde un grupo de bailarines o cantantes de incognito comienzan a realizar una actuación en un lugar frecuentado por el público que, en principio, no suele saber lo que ocurre”. El autor del texto necesita de un párrafo para definir en castellano lo que los ingleses definen con claridad en dos palabras. Se podría decir ante esto que las nuevas palabras del inglés resultan de su propia etimología; flash hace referencia al carácter efímero de la acción que se podría entender como un destello, y mob significa gentío, pandilla, multitud, muchedumbre (Oh gran sistema de sinónimos sin palabras suficientes para nombrar algo nuevo)… Vuelve a quedar claro: un destello entre la multitud. Una frase completa para la traducción al español. En nuestro idioma existen palabras compuestas con dos significantes que al traducirlas dan como resultado una acción, pero no son palabras en español. Es el caso de “democracia”; del griego demos que se traduce como “pueblo” y kratos que hacer referencia al poder, es decir, el español recurre a un origen etimológico en otra lengua para formar sustantivos ya que, por sí mismo, carece de capacidad para crear nuevas palabras y si tuviésemos que referirnos a la democracia sin recurrir a las raíces griegas no tendríamos más remedio que utilizar un sintagma: «poder del pueblo». Porque “pueblopoder” suena a combo de teclas de un videojuego didáctico, y aun así no puedes decir “democrateando”. El inglés, como acabamos de ver en el ejemplo, encuentra su etimología en su propio léxico activo.

Ante este tipo de expansión de una lengua, la LEGO de las lenguas como afinaba Mikel Ayestaran en uno de los tweets de la conversación mencionada antes, a uno le cabe preguntarse de qué manera gestionan este tipo de palabras, si llegan a formar parte de su lengua de manera oficial como bus, yellow o street o si ese Limbo de palabras inventadas es una zona abierta en la que todo vale, ya sea de manera temporal o permanente, formando nuevas palabras a partir de las existentes cada vez que una acción inédita requiera un término. Sin duda, es lo más práctico que he visto en cuanto a lenguas se refiere. Consultando el diccionario Oxford, que es el equivalente británico a nuestro Diccionario de la Real Academia de la Lengua, parece que la segunda opción es la menos desencaminada. Encontramos que algunas de estas palabras por su uso y expansión pasan a formar parte del idioma de manera permanente. Es el caso de babysitting, cuya estructura es exactamente el mismo caso que facesitting, una palabra nueva resultante de dos ya existentes y que presenta la misma capacidad gramatical. También aparece flashmob, pese a que es un término reciente, pero no aparece nuestro recién acuñado término. El tiempo dirá si es una cuestión de expansión del uso o si está sujeto a la parte Jeckyl de la moral de la Gran Bretaña.

Lo cierto es que el inglés como idioma resulta bastante escueto frente al español y, para un servidor, está es la parte más curiosa de la comparativa. El español dispone de tres tipos de conjugación para los verbos con una forma para cada persona en cada tiempo que dan como resultado alrededor de sesenta terminaciones diferentes para cada acción. El inglés por su parte tiene tres formas (y no siempre) con la que forma todos los tiempos necesarios para todas las personas mediante una estructura gramatical fija. El español goza de un rico vocabulario lleno de sinónimos con telarañas que raras veces se desempolvan, mientras que el inglés utiliza la misma palabra para varios conceptos. Y aun así, su lengua les permite tener siempre la palabra adecuada, mientras que las demás se las toman prestadas ante la incapacidad de gestionar su derroche semántico.

Rey Romero

El Ibérico

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