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Un gaucho en la corte de San Pedro

Vaya por delante nuestra felicitación y enhorabuena al nuevo Papa. Le deseamos acierto en sus decisiones y pedimos ‘al de arriba’ especial protección para nuestro hermano, que falta le va a hacer, sin ninguna duda. “De los Andes a los Apeninos”, Jorge, un humilde cardenal argentino se encuentra a la cabeza de nuestra Santa Madre Iglesia. La Península Ibérica y el ágil bloque iberoamericano, creciente y sólido, marcarán el futuro de la comunidad católica. Humildemente, por supuesto.

Desde el fin del mundo, allende los mares, un ‘sudaca’ llega a ser el nuevo obispo de Roma, heredero del puesto de Pedro, el de la piedra… Gracias, Argentina. Un padre jesuita, muy digno discípulo de Ignacio de Loyola, elige el nombre de Francisco para nombre del jefe de la Iglesia. De Asís, dice. El hermano lobo sale a la palestra.

La burocracia se pone a temblar… No están lejanos los tiempos del Banco Ambrosiano, Calvi, Marcinkus, Sindona… De Buenos Aires a la capital del imperio romano, tras una humareda blanca, una señal de humo, digna de los apaches. Todo es sibilino, críptico, simbólico… Como en los viejos tiempos del colegio de jesuitas, memorables todos.

Se han roto muchos moldes en pocos días. Se habla de los pobres, de una iglesia pobre para atender a los necesitados, marginados, hambrientos, enfermos…

Y un primer dato, revelador. La ausencia de la esclavina y la presencia de una simple cruz de madera, del mismo material con el que se hizo la original, de tiempos romanos… ¿Alguien recuerda las majestuosas imágenes de las cataratas de Iguazú en la película “La Misión”? Aquel crucificado que cae verticalmente es una imagen difícil de olvidar. Los de hoy vienen de aquellos frailes, tenaces, valientes, sacrificados, casi sobrehumanos, dignos herederos de su fundador y lema: “Ad maiorem Dei gloriam”, también conocida por su abreviatura AMDG. En lengua latina significa literalmente: “A la mayor gloria de Dios”. San Ignacio de Loyola usa dicha expresión en sus escritos. Poca distancia hasta el ‘Todo vale’. La estructura militar que le daba el nombre de ‘compañía’ y la claridad de sus objetivos les dieron un poder enorme dentro de la Iglesia. El General de los jesuitas, conocido popularmente como “Il Papa Nero”, desde los sótanos del Vaticano, dirige el trabajo de una organización jerarquizada compuesta por miles de soldados, siempre el brazo ‘armado’, en lucha contra los enemigos de la Fe. Expulsados de varios países, supuestamente por actividades políticas, su capacidad de sacrificio no tiene límites. Para sus soldados es muy importante hacer cosas por encargo del altísimo y en su defensa. Por supuesto que dicha defensa pasa por la protección de la misma orden y la nuestra Santa Madre Iglesia. AMDG.

Ya en tiempos del Concilio de Trento hubo una lucha interna por la conservación de la Fe, con mayúsculas. La institución a la que pertenece nuestro actual pontífice tuvo un papel decisivo en aquella reunión. Nuestro humilde hermano Francisco, soldado de la Compañía de Jesús, esperamos que sea el líder que conduzca a los católicos hacia un futuro más divino y menos humano, más elevado y menos ‘reptiliano’, con más espíritu y menos dinero. Basado en el principio del “ni se compra ni se vende, el cariño verdadero, no hay en el mundo dinero, etc.” pide una iglesia pobre, sin dinero…

 Dicen que le dijeron: “Los pobres, Santidad, los pobres”. No podríamos estar más de acuerdo con ellos.

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