Una y mil preguntas para tomar el pulso a Reino Unido

A través de los años, este país ha tratado de racionalizar el sentir de sus ciudadanos a través de curiosos estudios acerca de gustos, costumbres e incluso emociones

No siempre la línea recta es el camino más corto. Solo hay que ver la encuesta que el Gobierno inglés realizó entre la población femenina en noviembre de 1941. Mientras todos los esfuerzos se centraban en la batalla contra Alemania, la Cámara de Comercio preguntó a 5.000 mujeres acerca del número de prendas de ropa interior que poseían. ¿El objetivo? Determinar la cantidad de acero que se destinaba realmente a la fabricación de corpiños, sostenes, etc. No sabemos, eso sí, si este curioso estudio, que concluyó que como promedio las mujeres de la época tenían 1,2 sostenes, ayudó a las investigadores a acercarse a su verdadero objetivo.

 

Qué duda cabe que revisar las pesquisas de sociólogos y antropólogos de años atrás nos acerca, de una forma diferente, a las inquietudes de entonces, a cómo se vivieron determinados momentos históricos, a las costumbres y la vida cotidiana del momento.

Otro ejemplo de ello es el curioso proyecto puesto en marcha en los años 30, también en Reino Unido, por el antropólogo Tom Harrisson y dos poetas surrealistas. A través de ‘Observación Masiva’, estos curiosos estudiadores trataron de llevar la antropología a lo más cercano, a los detalles de la vida cotidiana de sus coetáneos. Así, esta serie de encuestas, y un minucioso seguimiento, atendían a cuestiones tan extravagantes como el comportamiento de los ingleses en el cuarto de baño, los funerales, la percepción de la sociedad hacia los bigotes, la alimentación, las prácticas sexuales en la playa o los bailes populares.

Tal y como aseguró un reciente artículo publicado en BBC Mundo, los sociólogos y el Gobierno de Reino Unido han sondeado a sus ciudadanos acerca de los temas más variopintos a lo largo de las últimas décadas. Echando un vistazo a los mismos, llama la atención lo poco que en el fondo ha cambiado la sociedad de un tiempo a esta parte, al menos respecto a algunas cuestiones fundamentales.

En la década de los 50, por ejemplo, existía ya una clara preocupación por un tema esencial hoy en día, la integración, que se materializó en su momento en una encuesta a través de la cual se quiso indagar acerca de «las actitudes del público hacia las personas de color».

En los 80, estaban ya sobre la mesa los problemas de consumo acerca de los cuales se sigue estudiando intensivamente en la actualidad. En aquel momento, la cuestión se centró en las mujeres. La alarma por un aparentemente excesivo consumo femenino de bebidas alcohólicas impulsó esta encuesta, que mostró que en aquel momento más del 70% de las mujeres tomaba lo equivalente a menos de cinco copas de vino a la semana. Según describe el artículo, la media ha ascendido a ocho unidades en la actualidad.

¿En qué grado se siente feliz?

La idea de pretender llegar a conclusiones generales preguntando a un número determinado de personas siempre resulta llamativa. Más aún cuando lo que se trata de reducir a un número es algo tan intangible como la felicidad.

Pese al reto que esto supone, el equipo del actual primer ministro británico, David Cameron, encargó a la Oficina de Reino Unido de Estadísticas Nacionales que llevara a la práctica esta curiosa indagación, tras considerar que el gobierno no debe medir solo el avance económico de la sociedad, sino también aspectos más profundos de la misma.

Este estudio, tan o más curioso que sus antecesores, dio como resultado que, básicamente, los ingleses adultos miden su felicidad en términos tan universales como la salud, los amigos, la familia y el bienestar en el trabajo. Aunque otros asuntos como el medioambiente y la religión parecen formar parte también de lo que ellos llaman felicidad.

La iniciativa de Cameron no es, sin embargo, pionera. Desde 1974, en un pequeño país situado entre China e India, Bután, su rey, Jigme Singye Wangchuck, tiene en cuenta la felicidad del reino a la hora de poner en práctica nuevas políticas. Así, de forma periódica, a los habitantes de Bután se les hacen preguntas relativas a su nivel de estrés personal, a la asiduidad con la se reúnen con sus vecinos, e incluso a si cuentan cuentos tradicionales a sus hijos… Un elaborado sistema que llevó años a sus creadores, y que da como resultado un número que se traduce en el grado de felicidad de la población a partir del cual trabajan sus gobernantes.

La curiosidad humana no tiene límites. A través de épocas diferentes e incluso lugares tan alejados unos con otros, como el pequeño Bután y Reino Unido, se ha tratado de cuantificar actitudes, gustos, ideas e incluso sentimientos. Todo ello para llegar a entender una realidad tan extensa y compleja que inevitablemente, y por suerte, desborda gráficos y encuestas, por exhaustivos que éstos puedan parecernos.

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