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Wikileaks, la diplomacia y la libertad de expresión

Julian Assange, fundador del portal Wikileaks.El escándalo que Wikileaks destapaba el pasado 29 de noviembre enviando más de 250.000 correos electrónicos de la diplomacia norteamericana a cinco publicaciones internacionales, entre ellos el diario español El País, eran solo la punta del iceberg del torrente de informaciones, declaraciones y controversias que seguirán viendo la luz durante los próximas semanas. Los datos revelados por la página web de Julian Assange, fundador y editor de Wikileaks, contienen información de muy diversa índole. El temor de distintos países ante la amenaza nuclear iraní, la imagen de la diplomacia americana sobre la «anticuada» institución del Vaticano o las juergas del primer ministro italiano Silvio Berlusconi son algunos de los cientos de cables publicados en estos últimos días.

En cuanto a España, se ha sabido que Estado Unidos ejerció presión sobre el fiscal general del estado Cándido Conde-Pumpido para que desestimara la demanda interpuesta por la familia Couso por el asesintao del periodista a manos del ejército americano y que algunas empresas españolas se vieron obligadas a «desinvertir» en Irán por presiones internacionales, entre otros muchos detalles.

Mientra tanto, una guerra cibérnetica se desataba en el espacio electrónico. Amazon echaba el cierre y dejaba de alojar Wikileaks y medios de pago electrónicos como Visa o Mastercard censuraban las donaciones espontáneas a la web. A su vez, hackers de todo el mundo bloqueaban dichas páginas en respuesta a la censura.

Y cuando parecía que nadie iba a manifestarse públicamente en defensa de la libertad de expresión, de Wikileaks o del señor Assange, mandatarios internacionales se mostraban a favor de la publicación de los e-mails y seguidores del colectivo «Free Wikileaks» se concentraban en diferentes puntos del globo bajo el lema «Por la libertad, di no al terrorismo de Estado».

El presidente brasileño Lula da Silva fue uno de los primeros en cuestionar lo que estaba sucediendo y calificó la detención del australiano como un ataque a la libertad de expresión y afirmaba: «El culpable no es quien difundió (la información), sino quien escribió esa bobada».

Bobada o no, lo cierto es que la publicación de los cables ha desatado un debate sobre los medios de comunicación, la libertad de expresión e internet.

El diario británico The Guardian publicaba en su editorial que «hay una deliciosa ironía en el hecho de que son las llamadas democracias liberales las que claman para que se cierre Wikileaks».

Esta historia, que comenzaba con un oficial de la armada americana de 23 años, Bradley Manning, descontento con la política exterior de su país y que decidió enviar los cables que han desatado el caos en las relaciones internacionales, aún no tiene un final. El desenlace está todavía por llegar.

Por el momento, Julian Assange se encuentra retenido en una cárcel británica tras entregarse voluntariamente. Por su parte, a Barack Obama le ha tocado disculparse con algunos de sus colegas internacionales y algunos políticos, entre ellos los españoles, se ven obligados a dar explicaciones sobre lo publicado.

Mientras tanto, quedan muchas preguntas en el aire sin, todavía, una respuesta para muchos: Son la libertad de expresión y el derecho a la informació ilimitados, han alterado Wikileaks y el señor Assange el orden mundial, es ciertamente necesario un Wikileaks en nuestra escena internacional… entre muchas otras cuestiones.

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