York, un viaje al pasado

Su catedral gótica y la huella de romanos y vikingos son sus principales atractivos
Decir que York es una de las ciudades más bonitas de Inglaterra no es una exageración. Es un hecho. Pocos lugares pueden presumir de conservar tan bien la esencia de tiempos pasados, y es que York carga con una gran historia. Fundada en el año 71 a.C., en ella dejaron su huella, especialmente romanos y vikingos, una herencia que todavía hoy está presente y que es uno de los principales atractivos de la ciudad, junto con su espectacular catedral gótica.

Para ser sinceros, aunque York es fácil de recorrer en un día, es más aconsejable dedicarle un fin de semana completo. No os arrepentiréis. Tiene una gran cantidad de cosas que ver y es un placer el simple hecho de recorrer sus pintorescas calles o darse un paseo por la orilla del río Ouse, que atraviesa la localidad. Desde Londres, en concreto desde King Cross, salen trenes cada hora para York. En el trayecto se invierten unas dos horas, pero hay que decir que el precio puede ser bastante elevado si no se mira el billete con un poco de antelación.

Al llegar a la capital del condado de Yorkshire, a la salida de la estación, ya podréis apreciar que todavía se mantiene en pie gran parte de la muralla medieval que rodea el casco antiguo. Casi toda la ciudad es peatonal y el centro es muy compacto, por lo que resulta muy cómodo pasear por ella.

York Minster

La primera parada recomendable es York Minster, el símbolo de York. Es la catedral gótica más grande del norte de Europa. Impresionante por fuera y por dentro. Para visitar su interior hay que pagar entrada, pero vale la pena disfrutar de la belleza de sus vidrieras, de la cripta y de las vistas que se tienen desde la cima de su torre. Eso sí, necesitaréis recuperar primero un poco el aliento porque hay que subir 275 escalones.

No muy lejos de allí, adentrándose por el laberinto de calles se llega hasta una pequeña colina sobre la que se levanta la Clifford’s Tower, una reconstrucción del siglo XIII de una de las dos torres que los normandos erigieron a cada lado del río. Muy cerca de ella está el Castle Museum, un museo etnográfico muy interesante en el que, entre otras cosas, se pueden ver recreadas calles con fachadas de casas victorianas y el interior de algunas viviendas de aquella época.

Jorvik Viking Centre

Quienes quieran descubrir el pasado vikingo de York lo mejor que pueden hacer es ir al Jorvik Viking Centre. Como si de una máquina del tiempo se tratara, parte del recorrido de este museo se realiza en pequeñas vagonetas que atraviesan un poblado vikingo, recreado con una excelente minuciosidad, incluso en los olores. Pero mejor no revelar más detalles de las sorpresas que aguardan en este museo porque realmente merece la pena visitarlo.

Además de su parte histórica, no hay que olvidar la riqueza gastronómica de la ciudad. ¿Quién no ha oído hablar del jamón de York? Un fiambre que popularizó esta ciudad y que lo ofrecen muchos de sus restaurantes junto a otras carnes asadas y trinchadas, como el pavo o la ternera. Si queréis degustar otros productos locales de granja como quesos o chutneys, lo mejor es acercarse al Newgate Market, un mercado en el que podréis encontrar también puestos de artesanía y ropa, entre otros muchos artículos. Por cierto, esta localidad es una de las grandes mecas del chocolate que hay en Europa.

Después de la parada para comer, lo mejor es darse un paseo por los bonitos jardines que rodean el Yorkshire Museum. La paz y la tranquilidad se respiran en este lugar en el que todavía se pueden ver las ruinas de la Abadía de Santa María, construida en 1088. Si hay tiempo, es recomendable visitar el museo para conocer bien la historia de la ciudad. Hay una importante colección de restos romanos y vikingos.

Restos de la Abadía de Santa María.

Castle Howard

Para este recorrido que hemos propuesto se requiere casi de todo un día, por lo que si no os queréis perder otro de los atractivos más importantes de York, como decía antes, lo mejor es ir dos días. La mañana de la segunda jornada se puede dedicar casi por completo al Castle Howard. Para llegar a este castillo, que está un poco a las afueras, es preferible coger un autobús. Este impresionante edificio, propiedad de la familia Howard durante 300 años, tardó un siglo en construirse. La visita guiada es una opción muy buena. Los guías van vestidos de época y os contarán todos los secretos de este castillo. Merecen dedicar un rato también los magníficos jardines que esconden templos, estatuas, lagos y fuentes.

De vuelta al centro histórico, todavía queda tiempo para visitar el Museo del Ferrocarril. Entre sus joyas están los vagones de lujo de las reinas Adelaida y Victoria. Lo que queda del día lo podéis dedicar a perderos por cualquiera de las calles más comerciales de la localidad como The Sambles, famosa por sus casas medievales inclinadas.

La verdad es que, a pesar de ser pequeña, York es una ciudad que da mucho de sí. Seguro que después de esta escapada, quedarán ganas de repetir.

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