Hay que ir al segundo apellido de Beñat Irurzun, Pineda, para reconocer algo fonético -o parejas de consonante y vocal- en lo identitario. Ni el nombre debe estar en el santoral ni el primer apellido resulta de fácil vocalización con esa peculiar combinación de vocales y consonantes. Él es un chico listo que tiene explicación para casi todo. “Yo nací en 1990 y, como se sabe, en la democracia se rescataron los nombres autóctonos, prohibidos durante el franquismo, el mío es un nombre de pila vasco; el primer apellido es muy antiguo y se ha escrito también como Iyurzun, aunque ha derivado en el Irurzun actual”, explica el diseñador en la cafetería de la cripta de la iglesia Saint Martin in the Fields, en la bulliciosa plaza de Trafalgar Square en el también bullicioso centro de Londres en un día que parece, o se siente, como de entrada de la primavera en la ciudad.
Antes de iniciar la entrevista, una mujer con el capuchino en la mano que pasa junto a la mesa, le pregunta: “Usted sale en la tele, en Interior Design Master; yo miro el programa y me gusta mucho lo que hace”. Y la señora se aleja con gesto de satisfacción, y yo pregunto si el elogio es parte de la programada cita para la entrevista o es espontáneo, resultado de la fama. Beñat ha venido acompañado de su padre, que pasa unos días en Inglaterra junto a él. El diseñador pone a su progenitor de testigo: “¿A qué nos ha pasado varias veces, que me reconocen por la calle?”. El padre asiente con la cabeza. Seis meses en un programa-concurso de diseño de interiores de gran audiencia de la BBC como es la quinta serie de Interior Design Master genera estas cosas: a Beñat lo reconocen por la calle; él contesta con amabilidad: Thank you.

El diseñador español no solo se ha metido en las televisiones británicas en los últimos meses, sino que viste y se decora de forma excéntrica y su figura salta a la vista enseguida. La boina, con cuidadosa, caída hacia un lado de la cabeza; el blusón de cuello ancho a modo de volante le cubre los hombros, y el pantalón de peto, también bien ancho, al estilo infantil o de bebé, le da el toque estrafalario a un hombre de barba, patillas y cejas espesas y arregladas. No es un tipo convencional para pasar desapercibido. Acaba de cumplir 34 años, lleva 14 de ellos en Inglaterra. “Al programa de diseño de interiores se presentaron dos mil solicitantes, quedamos diez para hacerlo y quedé el tercero en el concurso; no me ha cambiado la vida, pero sí la perspectiva que tengo de mi trabajo, del historicismo y la teatralidad que es lo que me gusta y aplico al diseño”, explica Beñat sin dudar en lo que dice, como si lo tuviese bien analizado previamente.
El diseñador creció por Andoain, entre San Sebastián y Tolosa, las dos ciudades grandes que se le quedaron pequeñas para sus inquietudes formativas. La excentricidad no le viene de Inglaterra ni de su marido, un inglés profesor de arqueología en la universidad de Birmingham, sino que nació con él, puesto que cuenta lo siguiente: “Yo siempre fui un niño distinto, algo me poseyó porque me interesaban cosas distintas o ya me gustaba vestir diferente y, por eso, sufrí bullying o discriminación por parte de los convencionales, padres que les decían a sus hijos que no jugasen o hablasen conmigo porque era raro, incluso en San Sebastián son pueblerinos”. ¿Pueblerinos o provincianos?, remarco. “Pueblerinos”, recalca él sin pestañear. A Beñat ya le interesaba el diseño de ropa y la moda, incluida la lencería, cuando a la edad universitaria de 18 años se fue a Madrid que, además, le proveía la vida en el anonimato que no tenía hasta entonces.
Concentrado en el diseño de ropa y la moda en el sentido histórico (desde como vestían los hombres y mujeres de las cavernas hasta hoy, la cuerda es larga), Beñat empezó también a mirar más allá de Madrid. Tardó dos años en recalar en la prestigiosa Central Saint Martin’s School de Londres, gracias a la ayuda de su familia y a ser hijo único. “A los diez u once años vine de viaje a Londres con mi familia, y desde entonces se me quedó el gusano de la estética histórica y la conservación de lo viejo en este país, por eso, cuando tuve la oportunidad de solicitar plaza a la Saint Martin’s School lo tuve clarísimo: me venía a vivir aquí”, recuerda haciendo moviola en las tres décadas de su vida. El diseño de interiores, como la indumentaria, son campos profesionales competitivos hasta lo indecible. Veinteañero y creativo, el español empezó a trabajar en departamentos de vestuario para cine y televisión y en tiendas para llegar a fin de mes. Siempre vestido estrambótico. “Hoy voy de barbecho, pero podría ir de otra cosa”, apostilla mientras apunta a la camisa de su padre y comenta: “Camisas como esta, hay una docena en esta cafetería, en cambio, vestidos como yo ni uno. ¿Dónde está la originalidad?”.

Del diseño de ropa y lencería, y de conocer la ornamentación de la época victoriana o lo que él acota de 1830 a 1903, pasó al diseño de interiores que conlleva muebles, aspectos de la arquitectura, colores, simetrías, tejidos, objetos de utilidad y de decoración y, para él, sobre todo, historia y vida. “En la época victoriana hay, por ejemplo, cosas de China y de Japón porque es período de grandeza imperial, y en la indumentaria todavía se ve más, puesto que todo tiene una lectura social y económica que responde al tiempo y las circunstancias en que surge”, aduce Beñat, partidario de restaurar (recrear o copiar) lo antiguo con lo inevitable moderno. Lo evitable o inevitable en la reconstrucción de una habitación o de un edificio, diferencia a unos diseñadores de otros. El vasco apunta ahora a la reforma, y demolición, de la estación de San Sebastián. “Es terrorismo urbanístico lo que están haciendo allí, porque lo están tirando todo”, opina. Los edificios, por dentro y por fuera, deben retratar su historia y la reformas que se han hecho en diferentes etapas para dejar testimonio de su evolución. “Eso sí, pero cada cambio hay que hacerlo bien, no colocar un pastiche, porque los pastiches no son testigos ni muestras de ninguna etapa”, remarca.
Su paso por el programa de la BBC le ha generado, de momento, tres proyectos de decoración de interiores y está en contacto con productoras para continuar mostrando su trabajo a través de televisión. A día de hoy, todavía trabaja en una tienda de Mango en Birmingham, donde restaura una casa, que comparte con su marido, de estilo victoriano. Está en su salsa entre las cuatro paredes matrimoniales, aunque aspira a dejar las marcas comerciales para dedicarse exclusivamente al diseño en sentido amplio e histórico. A medio o largo plazo, tiene un sueño: restaurar una casa de su familia, de 1450, en el valle de Araiz (Navarra). Allí podrá poner a prueba sus ideas que compatibilizan el cuarto de baño más práctico y moderno que pueda imaginarse con la arquitectura interior de 1450, como también compatibiliza el interiorismo del siglo XIX con el internet o los microondas.
“Alrededor de la casa del valle de Araiz, me gustaría formar una reserva natural de bosques como estaba cuando se levantó la casa, aunque eso implica cambiar la fauna y la flora de la zona, es decir, cortar los pinos que hay ahora para plantar los árboles que les precedieron y eso no es cosa fácil. Me he documentado en todo ello, por eso es un plan a largo plazo, porque no tengo medios para hacerlo ahora, además hay que filmar todo el proceso para convertirlo en programa de televisión como los que tienen tanto éxito aquí”, prosigue el diseñador, quien añade: “Lo de la casa se lo debo a mis antepasados, a mi familia y a mí mismo, porque una casa es vida y es historia, y yo puedo remontarme a 1450”.

Antes de trasladarse a Navarra, y al mismo tiempo que atiende la tienda de Birmingham, uno de los tres trabajos surgidos a través Interior Design Master es el encargo de un abogado de Londres para restaurar sus oficinas en un edificio del siglo XVII en el centro de la ciudad. “El abogado ha entendido muy bien lo que hago y, por eso, me ha fichado, es de los que llevan pelucas en los juicios en los que participan, así que el lugar para las pelucas habrá que tenerlo en cuenta”, dice Beñat, estimulado por su nuevo proyecto, mientras el resto de planes pululan entre reuniones y conversaciones a la espera de algo concreto y viable.
El diseñador tiene las facciones de la cara muy marcadas. Hablando de Navarra, con la boina de lado, el nombre autóctono vasco, el apellido antiguo y la seguridad que desprenden sus palabras, se parece enormemente al rey carlista, el pretendiente Carlos VII, que montó de 1872 a 1876 su corte en Estella. Una etapa del siglo XIX español que Beñat también ha absorbido en su bagaje histórico.
Sigue el canal de El Ibérico en WhatsApp, donde encontrarás todas las noticias de Londres y el Reino Unido.
Mantente informado: Suscríbete a nuestra newsletter gratuita para recibir las últimas noticias, eventos, conciertos y promociones de Londres y el Reino Unido.






