En verano todo es más sencillo. Ojo, que hablamos de moda y estilo. En la estación estival, a poco que tengas un poquito de gusto e interés por seguir las tendencias, bastará con que uses un vestido midi, uno camisero o uno drapeado y que lo combines con unas sandalias bonitas. Esto, y mucha actitud, es suficiente para comerse el mundo. O al menos, para ir con seguridad ante él.
Esta misma sensación la puedes generar con unos pantalones de corte ancho que sean frescos y una blusa estilosa, con unos shorts y un top acompañado de una chaqueta ligera o con una falda con mucho vuelo.
Sin embargo, en invierno hay que vencer al gran enemigo, el frío. Para ello, te invitamos a colocarte un buen jersey, una bufanda, unas botas altas y que te resguarden de las bajas temperaturas o unos guantes con mucho estilo. Y es que de eso van estas recomendaciones, de mantener el estilo aunque tengas que superponer más y más capas de ropa.
Selecciona bien los materiales
Los materiales de las prendas son los textiles, y hay algunos que son más apropiados que otros para el frío. La lana es uno de ellos. De hecho, es quizás el mejor material para climas gélidos. Esta tela aporta mucha comodidad y calidez, por lo que va a ganar mucho protagonismo en prendas intermedias.
En el mercado vas a encontrar infinidad de jerséis, cárdigans y hasta chaquetas de punto que son perfectas para colocar justo por encima de una camiseta interior térmica. Además, es aconsejable siempre vestir estas prendas con algo debajo, porque a veces la lana puede generar rozaduras.
Y bajo la lana, qué mejor que el algodón. Este material es otro textil natural que destaca por su suavidad y protección. Si bien no es tan cálido como el punto, sí resulta más apropiado para capas interiores, porque no causa irritaciones en la piel.
Las tres capas
De manera sutil ya hemos introducido el tema de las tres capas. Una forma de asegurar la protección frente al frío sin renunciar al estilo es echar mano de esta teoría. Es sencilla, consiste en colocarse prendas que después se puedan ir retirando en función de la temperatura.
La primera capa es una segunda piel que asegure que el calor corporal no se va a escapar del cuerpo, un segundo conjunto de prendas que sí protegen frente al frío del exterior y una tercera capa que tiene como misión hacer frente a la lluvia o el viento.
En esencia, puedes echar mano de prendas interiores de algodón a modo de primera capa; una segunda con jerséis, sudaderas o camisetas de punto y una tercera con abrigos, cazadoras, cortavientos o gabardinas.
¿Qué prendas son las más apropiadas para el invierno?
Ahora sí, toca trasladar la teoría a la práctica. Para ello te proponemos ejemplos claros. Para primera capa, que actúa como segunda piel, pueden servir las camisetas de algodón que citábamos anteriormente. Pero aquí puedes usar un truco, no es necesario que estas prendas cubran todo el torso, ya que hay camisetas de tirantes que dejan el escote libre para usar posteriormente alguna camisa, blusa o vestido.
Para la zona inferior puedes combinar unos leggins o unas medias bien tupidas y cálidas para usar sobre ellas alguna falda o un vestido a media pierna. Los vestidos, que muchas chicas asocian exclusivamente a la primavera y el verano, también son válidos en verano, aunque son preferibles los de manga larga y tejidos que aseguran una mayor protección.
Con la capa final, la exterior, recuerda mantener el estilo. Aquí podrás utilizar un anorak, una trenca o las prendas que ya citamos anteriormente (gabardinas, cortavientos o abrigos). La elección va muy ligada a las condiciones meteorológicas, pues si está lloviendo hay que seleccionar las que sean impermeables.
¿Y el calzado?
El punto final a tratar, sin dejar de lado los accesorios, es el calzado. Utiliza siempre zapatos que sean de calidad y que garanticen la protección frente a las bajas temperaturas y la comodidad de tus pies.
Como consejo, selecciona aquellos que tengan suela antideslizante y aporten seguridad al caminar. Asimismo, asegúrate de que son impermeables y transpiran bien. A partir de aquí, las opciones más comunes son las botas y botines, tanto en hombres como en mujeres; y zapatillas urbanas confeccionadas a partir de materiales duraderos.






