Por Irene Dorta

Tiendas, rascacielos, restaurantes, autobuses de dos plantas, asfalto y otros muchos elementos urbanos son los que abundan en el mapa de Londres. Sin embargo, no tan lejos del centro se encuentra una joya de parque donde poder respirar aire fresco y desconectar del ajetreo diario entre el color verde– y no, no es el conocido Hyde Park-.

Richmond Park, que cuenta con 955 hectáreas, es el segundo parque más grande de Londres – solo superado por Lee Valley Park– y el segundo parque urbano más grande de Europa. Además sus dimensiones llegan casi a triplicar las de Central Park, en Nueva York.

Este parque no solo destaca por su tamaño, sino que tiene una gran importancia científica en Londres, puesto que forma parte de la Reserva Natural Nacional. Es ciertamente conocido, debido a que en él habitan, entre otros muchos seres vivos, una comunidad de ciervos que pasean por las gigantes explanadas de hierba. Admirar esta especie tan de cerca y en su propio hábitat no es algo que se pueda hacer cada día. No obstante, se recomienda a los dueños de los perros que mantengan a éstos bajo control para que no se produzcan incidentes con este animal salvaje. Richmond Park alberga, asimismo, un gran lago, donde patos y cisnes nadan a sus anchas.

Las colinas de Richmond Park ofrecen vista al skyline de Londres

La vida urbana se mezcla con la naturaleza haciendo de esto una combinación perfecta. Niños en los columpios, lectores que disfrutan de una parcela de césped, deportistas a correr, familias que acuden a comer en uno de sus restaurantes interiores o ciclistas que circulan por las vías facilitadas especialmente para ellos. Igualmente, está permitido pescar –bajo previo pago-, jugar al golf o montar a caballo.

Situado en una de las zonas más “posh” de Londres, las colinas permiten unas vistas de todo el skyline de la city. Este parque, tremendamente cuidado y lejos del caos de la ciudad, es la opción perfecta ahora que parece que la primavera va llegando con fuerza.

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