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Sabores españoles, con receta de Piratas

Poca después de un mes de mi llegada a Londres, una de las peores cosas que llevaba era, sin duda, el tema de la comida. Ese aceite de oliva, ese aparentemente simple pinchito de tortilla de patatas, ese pescado asado sin el típico grosor de rebozado frito y mantecoso habitual por estas tierras o, simplemente, el pan de cada día, eran algunas de mis mayores añoranzas. Todo cambió una noche, en El Pirata De Tapas, un restaurante español en el que pude disfrutar de los sabores más españoles en forma de ración. El tamaño de cada una de ellas no era excesivamente generoso, pero no podía ser de otro modo, esto es Londres. En parte, esto también ofrece la oportunidad al cliente de poder pedir más tapas sin saciarse demasiado, lo que facilita al mismo tiempo la labor de elegir entre la amplia variedad de platos.

El Pirata De Tapas
115 Westbourne Grove
London W2 4UP
02077275000
www.elpiratadetapas.co.uk

La carta de vinos es también considerablemente amplia y convierte al restaurante en un lugar perfecto para consumir esta bebida tan española. En cualquier caso, si el vino no es lo tuyo, también cabe la opción de cambiar la uva por la cebada y tomar una cerveza española. Tras la indecisión, nosotros nos atrevimos finalmente con una botella de vino castellano, que resultó ser de gran calidad, y nos dispusimos a elegir la cena.

Para comenzar, qué mejor manera que hacerlo al más puro estilo hispano: una selección de embutidos ibéricos, una tortilla de patatas, unas croquetas y, para acompañar, pan tostado con aceite de oliva y tomate. Los embutidos eran un blanco perfecto e importante para nuestros ojos y estómagos críticos españoles. La tapa no era muy generosa si se pretendía compartir, pero el sabor del salchichón y del chorizo nos hizo olvidarnos rápidamente de ello y consiguieron pasar la prueba. No obstante, si la intención en concreto es comer jamón ibérico, no es la opción más apropiada; deberéis rascaros el bolsillo y pedir la tapa de jamón ibérico pata negra gran reserva en su lugar.

La tortilla de patatas no era del tamaño de la típica de 8 huevos que hay en los bares españoles encima de la barra, pero su cuidada presentación llama sin cautela al estómago de un español que anhela su delicioso sabor. La textura exterior no emulaba exactamente a la que estamos acostumbrados recién hecha en casa, sin embargo su interior era de un sabor realmente difícil de encontrar en Londres.

Ningún tipo de pega puede ponerse, en cambio, a las croquetas. Para quien sólo conozca las congeladas, éstas son una verdadera muestra del típico complemento de una cena española y recuerdan perfectamente a esas que una madre tarda más de dos horas en hacer y que cualquier niño (y no tan niños) devora en cuestión de minutos.

Los platos que pedimos como segundos fueron, sin duda, lo mejor de la cena. Quizás por falta de una traducción mejor, cuando pedimos la tapa de pork belly (panceta) nos esperábamos el típico magro grasiento con tocino, pero cuando pusieron el plato en la mesa (de pizarra, por cierto) nos encontramos con la grata sorpresa de que más bien se asemejaba a una porción de cochinillo. Ya de por sí el olor invitaba a comer, pero el sabor no dejó lugar a dudas de la exquisitez de la carne.

De similar calidad fue el siguiente plato, bacalao en salsa, que a primera vista nos pareció más bien una tapa de diseño, muy bonita, pero de escaso contenido. Sin embargo, en esta ocasión la calidad superaba con creces a las dimensiones y convirtieron a esta tapa en una de las más recomendables del restaurante.

El comer y beber dejan poco espacio ya para el dulce, por lo que los postres quedan más que nunca en un último lugar. De ahí quizás que uno de los apartados de la carta de postres sea lo que llaman «selección de postres líquidos», lo que vienen a ser una especie de cócteles. En cualquier caso, a los que os guste el dulce podéis disfrutar de deliciosos y variados postres o, si preferís, incluso de una tabla de quesos españoles con membrillo. Es justo decir que, en este caso, los platos ganan considerablemente en cantidad y, además, mantienen la calidad.

Como veis, El Pirata De tapas, que nació del conocido El Pirata in Mayfair, es uno de esos lugares en el que las añoranzas gastronómicas de los españoles pueden perfectamente suplirse. Mención especial merece que uno de los aspectos por los que este sitio se convierte en un lugar ideal para tapear es el personal que trabaja allí, muy amable, de esos que tratan a los clientes como si estuviesen en casa, pero sin perder la profesionalidad.

En total, una cena para dos, en la que nos hartamos a comer por casi 60 libras, con botella de vino y postres incluidos. No demasiado caro para la elevada calidad de la mayoría de las tapas, que además no fueron pocas, y si recordamos lo que dicen por aquí: This is London.

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