Conxa Rodríguez: “Escribir conlleva algo de terapia gratuita; por eso hay tantos escritores”

Conxa Rodríguez
Conxa Rodríguez. / Sarah Duncan.

La periodista Conxa Rodríguez (Morella, Castellón, 1958) ha rastreado la vida de las mujeres españolas del siglo XIX y cómo les afectaron las múltiples guerras, declaradas por hombres.

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Desde las aristócratas hasta las aguadoras, obreras o la mayoría agricultoras. El libro ¡De armas tomar! Mil desconocidas del XIX en pie de guerra (editorial Con M de Mujer) revela la lucha feminista en España, previa al concepto actual de feminismo. Un mapa de nombres y vidas, de norte a sur y de este a oeste.

¿Cómo cambia la vida de las mujeres españolas en el siglo XIX?

La revolución industrial genera la mujer obrera y abre la brecha salarial que todavía está por cerrar. En Valencia, por ejemplo, en 1868-69 hay más de cuatro mil cigarreras. Hasta 1882 no se les permite entrar a Correos y Telégrafos, ser maestras de niñas o comadronas; algunos de estos trabajos los hacían sin reconocimiento. La ley de protección del trabajo del Bienio Progresista cita a los menores, pero no a las mujeres que trabajan en todo, puesto que la mayoría de España es rural.

¿Las españolas van al ritmo de las europeas?

Lo que ocurre en Francia e Inglaterra llega pronto o tarde a España: sindicalistas, pacifistas, sufragistas o librepensadoras. También los estereotipos se corresponden a los europeos: ángel del hogar o virgen María responden al modelo alemán del XIX de Kirche, Kuche, Kinder (Iglesia, Cocina e Hijos), que resurge con el nazismo, como ahora se oye lo de tradwife o vuelta a lo tradicional. En España, el prototipo de ama de casa conlleva una variante de mujer que contribuye al presupuesto familiar; no es la breadwinner inglesa de la segunda mitad del siglo, pero sí hace compatible lo doméstico con la costura, el taller familiar o algún trabajo secundario al de cuidar la casa y la familia.

Otro arquetipo que cita en el libro es el de esposa de Jesús. ¿Indica eso que la Iglesia domina a las mujeres?

Las adoctrina en el XIX y en parte del XX. Pero hay arquetipos precursores del feminismo; en el Trienio Liberal surgen la marisabidilla y la políticastra, que vienen a ser las bas-bleus francesas o las bluestocking inglesas, mujeres con ideas políticas que quieren aplicarlas, como las que luchan en Madrid para entrar de público en el Congreso de los Diputados. La diversidad ideológica se perpetúa; para ellas, el estrato social al que pertenecen las marca más que el sexo.

Siguiendo con los estereotipos de mujeres, ¿cuáles son los actuales?

La ama de casa universitaria es ya un prototipo o las Kellys, otro; unas renuncian al trabajo para cuidar del hogar y la familia, y las otras salen a trabajar y hacen malabares durante años para la conciliación. El feminismo institucionalizado establece la igualdad ante la ley, pero no le cuadran las cifras en el mundo laboral o profesional. La maternidad no está todavía (re)conciliada con el trabajo. Pero se ha avanzado mucho.

¿Para cuándo una presidenta del gobierno español?

No lo sé. Es curioso que algunas en Europa han utilizado el vocabulario doméstico para adaptarlo a las finanzas del Estado. El nuevo gobierno alemán cuestiona el modelo económico de la ahorradora Angela Merkel y su ama de casa suaba -mujer anti préstamo de la zona de Suabia- que Merkel aplicó para no endeudar al Estado. En Reino Unido han renunciado al housekeeping (presupuesto doméstico y familiar) que defendía Margaret Thatcher ante sus ministros cuando querían gastar más de lo que ingresaban las arcas del Estado. En España creo que se ha perdido una presidenta potencial con la marcha de Nadia Calviño, exministra de Economía, atosigada injustamente.

En el libro afirmas que Francisco de Goya se exilió a Francia para vivir con su compañera Leocadia. Eso es nuevo…

Lo afirmo y lo documento. Goya estaba protegido por Fernando VII; a Leocadia la perseguían por liberal y tuvo que huir. Si hasta ahora no se ha interpretado así, era porque no convenía. Nadie reconoce tampoco que Pablo Picasso maltrataba a las mujeres. Para continuar con los arquetipos: los méritos artísticos no tienen nada que ver con el santo varón o con el demonio. La historia de Leocadia es triste. Goya retrataba, por encargo, a las aristócratas; en cambio, pintó a la aguadora, a la lechera, a las hilanderas o a las heroínas de la guerra de la Independencia.

El libro se lee como un reportaje periodístico sobre españolas del XIX; no obstante, la investigación está hecha en Londres. ¿Cómo se amalgama eso?

Soy española residente en Londres. Siempre me ha chocado que los fondos de la Biblioteca Británica en castellano sobre la historia de España sean más numerosos que los de la Biblioteca Nacional de Madrid, al menos respecto al siglo XIX. Me costó lo mío clasificar a las mujeres en diez categorías, enmarcarlas en la historia con rigurosidad documental y ligereza para la lectura. No sé si lo he conseguido. El jurado debate…

De todas las desconocidas que ha rescatado, ¿cuáles son sus favoritas?

No tengo favoritas; aun así, algunas, como las triperas o las travestidas, que hoy serían trans, impresionan por la marginación en la que vivían. Escribir conlleva algo de terapia gratuita y solitaria; por eso hay tantos escritores. Cuando te metes en personajes reales o ficticios, te metes en la vida de otros a través de la tuya; es una interacción terapéutica. Se necesita empatía de todo tipo. Otro asunto distinto es escribir un tratado de botánica o el manual de instrucciones de la lavadora.

Ha descubierto miles de mujeres transgresoras, incluidas tres de su familia en el epílogo. ¿Están todas las que son o son todas las que están?

Son todas transgresoras: identificadas o anónimas; individuales o agrupadas. Pero hay muchas más. No ha sido agradable descubrir que una tía-abuela nacida en el XIX estaría hoy, probablemente, en las estadísticas de víctimas de violencia machista. Era una de tres hermanas que fueron de Galicia a Buenos Aires para trabajar cuando a las mujeres no se les permitía viajar sin ir acompañadas de un hombre. Ellas, por necesidad, cruzaron juntas el Atlántico de ida y vuelta. Son transgresoras todas las que cito, pero no cito a todas las que existieron.

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