Los londinenses de entre 45 y 65 años tienen el mismo riesgo de morir durante una ola de calor que los mayores de 65, según un estudio de la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA). Este patrón es exclusivo de Londres y no se repite en ninguna otra región del país, donde el riesgo aumenta progresivamente con la edad.
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Los expertos atribuyen esta anomalía a una combinación de factores únicos de la capital: el efecto isla de calor urbano, los desplazamientos diarios en transporte público, el elevado coste de la vida, el hacinamiento en las viviendas y la profunda desigualdad que caracteriza a Londres. El hallazgo cobra especial relevancia esta semana, con temperaturas que podrían alcanzar los 40°C hoy y la capital bajo una alerta roja por calor extremo.
Un riesgo que no respeta la edad en Londres
En el resto del Reino Unido, el riesgo asociado al calor extremo sigue un patrón claro: aumenta con la edad y se concentra principalmente en los mayores de 65 años. Sin embargo, el estudio de la UKHSA presentado ante la comisión de Planificación y Regeneración de la Asamblea de Londres identificó «patrones distintos en la capital, donde el riesgo se distribuye de forma más uniforme entre los distintos grupos de edad».
En términos concretos, los datos indican que los londinenses de 45 a 65 años presentan el mismo riesgo de fallecer durante episodios de calor que los pensionistas. Los investigadores advierten de que se trata de «una combinación compleja de muchos factores» y señalan que la dificultad para extraer conclusiones definitivas refleja precisamente «la complejidad de los factores que contribuyen al riesgo térmico» en la capital.
El «efecto isla de calor»: Londres como horno urbano
Uno de los factores que explica esta vulnerabilidad diferencial es el llamado «efecto isla de calor urbano». Las ciudades densamente construidas como Londres acumulan y retienen el calor de manera significativamente mayor que las zonas rurales o suburbanas, lo que eleva las temperaturas tanto en interiores como en exteriores. Este fenómeno aumenta directamente la exposición al calor de los habitantes de la capital durante una ola de calor.
Las previsiones meteorológicas para esta semana subrayan la magnitud del problema: el médico jefe de Inglaterra, el profesor sir Chris Whitty, ha alertado de que Londres alcanzará 34°C el martes, 39°C el miércoles, 34°C el jueves y 33°C el viernes. «El calor extremo puede ser peligroso para los niños pequeños, los ancianos y las personas vulnerables», advirtió Whitty en sus redes sociales. «Rehidratarse y refrescarse puede salvar vidas.»
El precio de vivir en Londres: coste de vida, hacinamiento y desigualdad
El estudio apunta a que la menor capacidad de los londinenses de mediana edad para protegerse del calor tiene raíces económicas y sociales. El elevado coste de la vida en la capital limita las opciones de muchos trabajadores, que no pueden permitirse viviendas con mejor ventilación, aire acondicionado o la posibilidad de teletrabajar. Muchos no tienen más remedio que desplazarse cada día en metro, autobús o tren en condiciones de calor extremo.
El hacinamiento en las viviendas es otro factor relevante: en una ciudad donde el precio del alquiler ha seguido creciendo, muchas familias viven en pisos pequeños y mal ventilados que se convierten en trampas de calor durante las olas de calor. A esto se suma la profunda desigualdad de la capital: más de un cuarto de los londinenses vive en situación de pobreza, mientras que más del 15% se encuentra entre el 10% de los ciudadanos con mayores ingresos de todo el Reino Unido. Esta brecha social se traduce directamente en una diferencia de recursos para afrontar el calor.
Dos tipos de riesgo térmico: el clásico y el de esfuerzo
El informe distingue entre dos formas de riesgo por calor que afectan a distintas poblaciones y requieren diferentes respuestas:
El golpe de calor clásico es la causa más frecuente de muerte prematura relacionada con el calor. Se produce cuando el cuerpo no puede regular su temperatura ante el calor ambiental, incluso sin realizar actividad física. Afecta principalmente a personas mayores y a quienes tienen enfermedades físicas o mentales preexistentes.
El riesgo por calor de esfuerzo se da cuando la actividad física genera más calor del que el cuerpo puede disipar, especialmente en condiciones de calor y humedad. Puede afectar incluso a personas jóvenes y sanas, y es especialmente relevante para trabajadores al aire libre, como obreros de la construcción, repartidores o trabajadores agrícolas.
Escuelas cerradas y advertencias de no viajar
Las consecuencias prácticas de la ola de calor ya se están dejando sentir. Decenas de colegios de toda Inglaterra han cerrado o adelantado el final del horario escolar. Las autoridades de transporte han pedido a la población que evite los desplazamientos no imprescindibles, y los trenes del Eurostar entre Londres y París han registrado cancelaciones por el impacto combinado de la ola de calor en el Reino Unido y en Francia.
La Asamblea de Londres está investigando el impacto del sobrecalentamiento en los hogares de la capital, analizando por qué algunas viviendas son más vulnerables que otras y si la normativa urbanística y de construcción actual está a la altura de los retos que plantea el cambio climático.
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Imagen: Depositphotos.com









